Cuando los libros se descomponen: el arte vive y late en un museo de Cuenca
Elisa Terroba reflexiona sobre los futuros del conocimiento en sus últimas creaciones que se pueden ver en la Fundación Antonio Pérez

Cuando los libros respiran y se descomponen: el arte vivo en un museo de Cuenca
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Cuenca
En Biblioteca, Elisa Terroba imagina un futuro inquietante: un mundo en el que las bibliotecas, símbolo histórico del saber humano, han quedado obsoletas, erosionadas o abandonadas. No se trata de una profecía literal, sino de una ficción visual que funciona como advertencia. Lo podemos ver en la Fundación Antonio Pérez de Cuenca.
A través del grabado, la inteligencia artificial y sistemas biológicos vivos, la artista investiga la fragilidad de los soportes del conocimiento y las tensiones que hoy atraviesan la memoria colectiva: tecnología, materia, tiempo y transformación.
Sus recientes proyectos para La Caja Grafa convierten el libro en ruina, organismo y archivo mutante. Además, en diálogo con el texto Los mohos heterónimos de Jorge Carrión, Terroba propone una reflexión poética y crítica que desplaza el foco de la desaparición hacia la metamorfosis del conocimiento, en un contexto marcado por la aceleración digital y la incertidumbre ecológica.

Grabado de la serie 'Bibliotecas' de Elisa Terroba.

Grabado de la serie 'Bibliotecas' de Elisa Terroba.
Bibliotecas después del colapso
Las imágenes de Bibliotecas destruidas, generadas mediante inteligencia artificial, muestran espacios devastados: arquitecturas del saber convertidas en escenarios de abandono. Libros volcados, estanterías vencidas, salas vacías. No se explica qué ha ocurrido, pero la pregunta es inevitable. ¿Ha sido un colapso climático? ¿Una guerra? ¿Un cambio radical en la forma de acceder al conocimiento?
Para Terroba, esa ambigüedad es esencial. “Planteo que nos preguntemos qué ha pasado con esa sociedad que se nutría de esos libros”, explica. La biblioteca aparece como ruina cultural, pero también como síntoma de un cambio de paradigma: el paso de un saber buscado activamente, tocar, comparar, recorrer estanterías, a un conocimiento delegado en sistemas externos, aparentemente infinitos y desmaterializados.
La paradoja es central: es la propia inteligencia artificial, emblema de ese nuevo régimen del saber, la que produce las imágenes del posible ocaso de la biblioteca. “Juego justo con ese cambio de paradigma y con esa inquietud”, afirma la artista. La IA no aparece aquí como herramienta neutral, sino como agente que tensiona la relación entre memoria y obsolescencia.

"Humanos y hongos “leen” el libro de maneras distintas pero equivalentes".

"Humanos y hongos “leen” el libro de maneras distintas pero equivalentes".
El libro como cuerpo vivo
Si Bibliotecas destruidas trabaja desde la ficción visual, Mohos da un paso más y convierte la especulación en experiencia material. En el claustro de la Fundación Antonio Pérez, Terroba presenta una serie de libros colonizados por hongos: obras vivas que crecen, se transforman y, eventualmente, desaparecen.
“Implanté setas en estos libros para cultivarlos y ver cómo se nutrían de ellos”, explica. El gesto es tan simple como radical: devolver al libro su condición orgánica. El papel, hecho de celulosa, vuelve a ser alimento. La biblioteca deja de ser archivo y se convierte en ecosistema.
De esta forma surge una de las ideas más potentes del proyecto: humanos y hongos “leen” el libro de maneras distintas pero equivalentes. “Cuando leemos un libro, digerimos la narrativa y el conocimiento; el hongo hace lo mismo, diluyendo el papel y alimentándose de él”, señala Terroba. Dos formas de lectura, dos procesos de digestión, un mismo soporte.

La obra es deliberadamente efímera. Las setas brotan, crecen y se secan. El libro queda destruido.

La obra es deliberadamente efímera. Las setas brotan, crecen y se secan. El libro queda destruido.
Después de nosotros
En el trasfondo de Mohos aparece una hipótesis inquietante: ¿qué ocurre con los libros cuando ya no estamos para leerlos? Terroba lo plantea sin dramatismo, casi con serenidad ecológica. En un escenario de colapso, los libros dejarían de nutrirnos a nosotros para convertirse en sustento de otros seres: hongos, líquenes, microorganismos. El conocimiento no se conserva, se recicla.
La obra es deliberadamente efímera. Las setas brotan, crecen y se secan. El libro queda destruido. No hay objeto que preservar. “El recorrido está en hacer algo alrededor de ese hecho”, afirma la artista. La experiencia, la acción compartida, incluso la posibilidad futura de consumir esas setas y cerrar el ciclo: del libro al hongo, del hongo al cuerpo humano.
Abrir una puerta
Lejos de ser un proyecto cerrado, Mohos funciona como punto de partida. Terroba reconoce que esta línea de trabajo “no ha llegado a su meta”, sino que ha abierto una puerta hacia nuevas investigaciones, más cercanas al arte relacional y a los procesos colectivos. La pregunta ya no es solo qué pasa con los libros, sino qué hacemos nosotros con esa transformación.
En el marco de Domógrafas, la propuesta cobra un sentido adicional. Pensada como una exposición reproducible y doméstica, la edición desactiva la idea del arte como patrimonio exclusivo de instituciones y “templos” culturales. El conocimiento, como los libros y los hongos, circula, se comparte y se transforma.
Memoria en transformación
En última instancia, el trabajo de Elisa Terroba no habla del fin del libro ni de la biblioteca, sino de su vulnerabilidad y de su capacidad de mutar. Frente a la promesa de una memoria digital eterna, sus obras insisten en la huella, la erosión y el tiempo. La tinta del grabado, el papel que se descompone, el moho que crece: todo recuerda que el conocimiento, como la vida, no es inmutable.
Quizá la pregunta que atraviesa Biblioteca no sea qué vamos a perder, sino qué formas de memoria estamos dispuestos a cuidar y a transformar en el futuro que ya habitamos.

Paco Auñón
Director y presentador del programa Hoy por Hoy Cuenca. Periodista y locutor conquense que ha desarrollado...




