Nunca solos, pero solos: la paradoja de la generación hiperconectada
Félix Ernesto Arellano y Julia Márquez

La mirada de Toledo: La paradoja de la generación hiperconectada (09/01/2026)
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Toledo (Toledo)
Últimamente vivimos rodeados de notificaciones, chats grupales y pantallas, con grupos que nunca dejan de sonar. Da igual dónde estemos: siempre hay alguien escribiendo o algo sonando. Pero, aun así, cada vez son más los jóvenes que admiten sentirse solos. Y eso es justo de lo que queremos hablar hoy: de esa sensación rara que se siente cuando estas con gente o conectado a muchas personas… pero no te sientes acompañado verdaderamente.
Esta idea se conoce como soledad acompañada, y aunque parezca o suene contradictorio, describe bastante bien lo que está sucediendo en este momento.
Piensa en un día normal: abres Instagram, miras un par de historias, contestas a mensajes, envías un meme y alguien responde al momento. Parece que estes todo el día hablando con la gente, sin embargo, después llega la noche, apagas la pantalla y sientes un vacío enorme. Lo que anteriormente parecía compañía de repente, no lo es y se transforma, de repente, en soledad.
No es un hecho aislado, las investigaciones realizadas en Europa muestran que los jóvenes de entre 16 a 29 años son quienes más admiten sentirse solos. No es que no falten personas a su alrededor, sino que muchas de las relaciones son poco rápidas y profundas. Quizás el reto actual no es comunicarnos más, sino hacerlo mejor.
Bauman afirmaba que vivimos en una "modernidad líquida", donde nada es estable, ni el trabajo ni las relaciones. Todo cambia continuamente y Turkle también lo explicó muy claro: estamos "juntos, pero solos". Estamos conectados digitalmente pero no emocionalmente. No porque deseemos, sino porque la tecnología nos ha acostumbrado a relaciones rápidas, editadas y cómodas.
Y lo que hace verdaderamente peligrosa esta soledad es que no aparece cuando estamos solos sino cuando dejamos de distraernos. La cuestión es quizás bajar un poco el ritmo: volver a hablar con calma, aunque sea menos veces, ver a la gente en persona, aunque sea más difícil cuadrar el horario y tener relaciones que no dependan solo del móvil.
Todo esto tampoco significa que las redes sean malas, al contrario, gracias a ellas mucha gente mantiene amistades a distancia o encuentra comunidades que le hacen sentir menos sola.
Las redes sociales no son verdaderamente el problema, el problema está cuando esperamos que estas remplacen lo que solo puede construir una relación humana, ya que es imposible. Porque al final, estar acompañado no es llenar la pantalla de mensajes. En una cultura donde todo se puede borrar con un clic, una sola presencia emocional vale más que cientos de contactos digitales.




