Aves esteparias en España: medio siglo de declive silencioso
Juan José Sanz Cid, Investigador Científico del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC)

Nómada del viento: Aves esteparias en España (13/01/2026)
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Toledo (Toledo)
Durante los últimos cincuenta años, las aves esteparias españolas han protagonizado uno de los declives más acusados de toda la fauna europea. Estas especies, adaptadas a los paisajes abiertos de secano, los pastizales y los mosaicos agrícolas tradicionales, han visto cómo su entorno se transformaba a un ritmo que no han podido seguir. Los estudios científicos y los programas de seguimiento poblacional coinciden en que su situación es crítica y que, si no se actúa con rapidez, muchas de ellas podrían desaparecer de amplias zonas donde hasta hace poco eran comunes.
Los datos acumulados desde mediados del siglo pasado muestran una tendencia clara: la mayoría de las aves ligadas a los medios agroesteparios han sufrido un descenso muy significativo. Informes recientes de seguimiento poblacional en España indican que este grupo se encuentra entre los más afectados, junto con las aves nocturnas y las asociadas a humedales. La información procede de millones de registros obtenidos durante décadas, lo que permite trazar una imagen precisa del problema. Especies emblemáticas como el sisón común (Tetrax tetrax), la avutarda común (Otis tarda) o las gangas -la ganga ibérica (Pterocles alchata) y la ganga ortega (Pterocles orientalis)- han perdido una parte sustancial de sus poblaciones, en algunos casos más de la mitad.
Este retroceso no es exclusivo de España ya que investigaciones a nivel europeo han demostrado que incluso dentro de áreas protegidas, donde en teoría deberían estar mejor resguardadas, las aves esteparias siguen disminuyendo. Esto sugiere que las medidas actuales no bastan para frenar la pérdida de biodiversidad en los paisajes agrarios, que se encuentran entre los ecosistemas más transformados del continente.
Las causas del declive son múltiples, pero todas tienen un denominador común: la transformación acelerada del medio rural. La intensificación agrícola ha sido uno de los factores más determinantes, pero no debemos olvidar que la mecanización, el uso generalizado de pesticidas, la desaparición de barbechos y la simplificación del paisaje han reducido drásticamente la disponibilidad de hábitat adecuado. A ello se suma la expansión del regadío y de cultivos leñosos intensivos, que sustituyen los tradicionales cultivos de cereal de secano. El cambio climático también juega un papel creciente, con veranos más largos y secos que afectan a la reproducción y supervivencia de muchas especies. Y, en paralelo, el abandono rural ha provocado la pérdida de prácticas ganaderas extensivas que mantenían los pastizales abiertos, esenciales para muchas aves.
Castilla-La Mancha es un territorio clave para entender esta crisis. Sus amplias llanuras cerealistas han sido históricamente uno de los principales refugios de aves esteparias en Europa. Comarcas como La Mancha, Campo de Montiel, Campo de Calatrava o La Alcarria han albergado poblaciones muy importantes de avutardas, sisones, gangas y alondras ricotí. Sin embargo, la región también ha experimentado una intensificación agrícola muy marcada, acompañada de la expansión del regadío y de cultivos intensivos como el pistacho o el olivar superintensivo. La fragmentación del territorio por nuevas infraestructuras energéticas y de transporte ha añadido presión a unas poblaciones ya vulnerables. Incluso dentro de las Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPAs), donde se concentra buena parte de la biodiversidad esteparia, los estudios recientes muestran que las tendencias siguen siendo negativas.
Entre las especies que presentan una regresión más acusada, el sisón común destaca como uno de los casos más preocupantes. En España ha perdido más de la mitad de su población en pocas décadas, y en algunas regiones el descenso supera el 70 %. Castilla-La Mancha, que llegó a albergar una de las mayores poblaciones europeas, ha registrado caídas especialmente severas. La avutarda común, aunque mantiene en España la mayor población mundial, también muestra una tendencia descendente, afectada por la intensificación agrícola y la mortalidad asociada a tendidos eléctricos. Las gangas ibérica y ortega, dependientes de mosaicos agrícolas poco intensivos, han sufrido descensos continuados durante los últimos cuarenta años.
La alondra ricotí, una especialista de matorrales esteparios, ha visto cómo su distribución se fragmentaba hasta el punto de desaparecer de muchos núcleos históricos. Incluso el aguilucho cenizo (Circus pygargus), que no es estrictamente estepario pero depende de los cultivos cerealistas para reproducirse, ha experimentado un retroceso notable debido a la cosecha temprana y al uso de pesticidas.
A pesar de este panorama, los expertos coinciden en que aún es posible revertir la situación. Para ello es necesario promover prácticas agrícolas más sostenibles, recuperar los barbechos y los mosaicos tradicionales, proteger las zonas de reproducción mediante acuerdos con agricultores, reducir el uso de pesticidas y reforzar la ganadería extensiva. También es fundamental mejorar la gestión de las áreas protegidas y garantizar la conectividad entre los distintos núcleos de población.
El declive de las aves esteparias no es solo un problema de conservación; es un síntoma del deterioro de los paisajes agrarios y de la pérdida de equilibrio ecológico en los campos españoles. Protegerlas implica también proteger la biodiversidad, la cultura agraria y la sostenibilidad de los territorios rurales. Su futuro, aunque incierto, aún puede escribirse de otra manera si se actúa con decisión y visión de largo plazo.
Paisaje sonoro
Hoy vamos a escuchar el canto de las aves esteparias de las cuales hemos hablado. Nos trasladamos a un campo de La Mancha y escucharemos por orden a la avutarda, el sisón y la ganga ibérica.




