Damasquino toledano
Entender Toledo es entender que la cultura también se prueba, se trabaja… y se transmite
La mirada de Toledo: Damasquino toledano (19/01/2026)
Toledo (Toledo)
Como buena toledana que soy y nieta e hija de comerciantes de la espadería y damasquinado toledano no me queda más remedio que este lunes celebrar la buena noticia que Toledo acaba de recibir, su conocido damasquinado ha sido declarado Bien de Interés Cultural. Un reconocimiento que no habla solo de una técnica artesanal, sino de algo mucho más profundo, de identidad, de memoria y de comunidad. Y quizá esta sea una buena excusa para pensar Toledo más allá de los monumentos.
Porque Toledo no es solo una ciudad que se visita, es una ciudad que se toca y se saborea. Por eso, cuando pensamos en ella, no pensamos solo en piedras antiguas o en postales, sino en cosas muy concretas, una pieza de damasquinado, una figura de cerámica, una espada o un trozo de mazapán.
El mazapán, por ejemplo, no es solo un dulce navideño. Es memoria, receta transmitida, manos que repiten gestos casi sin pensarlos. Detrás de cada obrador hay familias, historias y una forma de entender el tiempo, despacio, con paciencia, respetando lo que siempre ha funcionado. Algo muy parecido ocurre con el damasquinado, ese arte de incrustar hilos de oro sobre acero, ya también plata. Un oficio que exige precisión extrema y que hoy, en un mundo acelerado, nos recuerda el valor de lo hecho a mano, del detalle y de lo irrepetible.
Su reconocimiento como Bien de Interés Cultural es, en el fondo, una forma de decir que estos saberes importan y merecen ser protegidos. Y si miramos la cerámica, encontramos colores, símbolos y técnicas que han viajado a lo largo de siglos. Piezas que no solo decoran, sino que cuentan una historia, la de una ciudad atravesada por culturas, intercambios y mestizajes.
Podríamos añadir la espadería, la forja, el cuero o los bordados. Todos estos productos tienen algo en común, no son solo objetos, son cultura material, son identidad que se puede tocar, comer o llevar para regalo. Esta cultura material, nos habla de arraigo, comunidad y memoria colectiva. Nos recuerdan que la cultura no vive solo en los museos, sino también en los talleres, en los obradores y en las manos de quienes mantienen vivo un saber.
Quizá por eso Toledo sigue siendo reconocible más allá de sus murallas. Porque es una ciudad que ha sabido conservar lo que se hereda, sin dejar de mirar al futuro. Y porque, al final, entender Toledo es entender que la cultura también se prueba, se trabaja… y se transmite.
Natalia Simón
Directora del departamento de Filosofía, Antropología,...Directora del departamento de Filosofía, Antropología, Sociología y Estética de la UCLM