Memoria de una niña con abrigo rojo
Se lo debemos por dignidad, nos lo debemos por supervivencia
La mirada de Toledo: Memoria de una niña con abrigo rojo (27/01/2026)
Toledo
Buenos días, Carlos. Buenos días, oyentes.
La secuencia es de las que se te enganchan a la memoria y ya no te abandonan nunca, de las que activan ese nosequé que llevamos dentro que hace que se te encoja el estómago y seas capaz de sentirla hasta con la piel. Es brutal. Perfecta.
Mediados de marzo de 1943. Liam Neeson en la piel de Oskar Schindler, con una esvástica en la solapa, observa a caballo desde un cerro como las SS perpetran con entrenada y disciplinada bestialidad, el asesinato masivo y sistemático de cerca de 2000 hombres, mujeres y niños en el distrito judío de Podgórze, en Cracovia, a la vez que seleccionan, en una especie de sangriento casting, a los miles que acabarían sus vidas en la organizada red de campos de trabajo y exterminio.
Y entre toda esa barbarie rodada en blanco y negro, en el centro de la pantalla y la matanza, surge, como de la nada, un abrigo rojo; rojo pasión, rojo infierno, rojo sangre, rojo vida. Lo lleva una niña morena de apenas tres años que corre desesperada por aquel infierno sorteando los cuerpos inertes de vecinos, compañeros de colegio y familiares mientras ante sus ojos emerge el horror. El horror del exterminio, de la violencia planeada con eficacia, el horror -otra vez- de un ejército adiestrado asesinando familias enteras por ser de otra raza, por ser diferentes; el horror de oprimir y humillar a otros rebajando su humanidad a esa nada que te permite eliminarlos sin pudor ni mala conciencia. Un horror, del que las potencias europeas tenían conocimiento y se limitaron a observar desde un cerro mientras se engañaban pensando que aquello no era posible
La secuencia, brutal en todos los sentidos, sintetiza en apenas tres minutos el espanto y la iniquidad del holocausto que segó la vida de millones de judíos, de disidentes políticos, de gitanos, de socialistas y comunistas, de homosexuales, de exiliados republicanos españoles y de tantos y tantos que contaminaban una presuntuosa y falsa pureza que sólo fue una excusa. La escena, en realidad, termina casi al final de la película, cuando Óskar Schlinder vuelve a ver aquel abrigo rojo, esta vez envolviendo el cuerpo sin vida de la niña entre los cadáveres amontonados, casi como basura, en el campo de concentración de Plaszow.
Hoy es 27 de enero, declarado por la ONU Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto, un día dedicado al recuerdo de las víctimas del genocidio nazi y a la prevención de unos crímenes contra la humanidad que, casi noventa años después, aún no hemos conseguido erradicar. Incluso, algunos construyen su relato político negándolos y tratando de que olvidemos.
Olvidar a los que murieron, borrar sus historias, sus vidas, sus caras o sus sueños amputados con hambre, tortura y cámaras de gas, sería casi tanto como negarles su esencia como hombres y mujeres, como personas, como seres humanos. Se lo debemos por dignidad, nos lo debemos por supervivencia.
La música que acompaña a la secuencia es una melodía popular judía cantada en yiddish llamada “Oyf´n pripetchik” (algo así como “En el hogar”). La última estrofa empieza así: “Cuando, niños, crezcáis, comprenderéis cuántas lágrimas hay en estas letras. Y cuánto llanto”
Dejo aquí un enlace a la secuencia de “La lista de Schindler” aludida en la columna: https://www.youtube.com/watch?v=j1VL-y9JHuI
Hasta el martes que viene. Besos.
Javi Mateo
Javier Mateo
Educador social y exconcejal del Ayuntamiento...Educador social y exconcejal del Ayuntamiento de Toledo.