Hoy por Hoy Toledo
Sociedad

Menos vale pájaro en mano que ciento volando

Juan José Sanz Cid, Investigador Científico del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC)

Nómada del viento, con Juan José Sanz (27/01/2026)

Toledo

A lo largo de las últimas décadas, la iniciativa Ave del Año de SEO/BirdLife se ha consolidado como una herramienta clave para acercar a la ciudadanía los desafíos que enfrentan las aves y los ecosistemas de los que dependen. Desde su creación, 36 especies han recibido esta distinción por votación popular, siempre con un propósito claro: visibilizar su declive poblacional o las amenazas que ponen en riesgo sus hábitats. No se trata solo de destacar a un ave concreta, sino de abrir una conversación social sobre la conservación de la biodiversidad y la necesidad de proteger los entornos naturales que compartimos.

En 2026, el protagonismo recae en una especie tan familiar como emblemática: el jilguero europeo (Carduelis carduelis; https://seo.org/ave/jilguero-europeo/). Su elección no es casual ni anecdótica y responde a un mensaje contundente de la ciudadanía que ha querido dar voz a las aves comunes, aquellas que forman parte de nuestro día a día y que, precisamente por su cercanía, a menudo pasan desapercibidas en los debates sobre conservación. El jilguero, con su canto alegre y su inconfundible careta roja, se convierte así en un símbolo de la necesidad de defender campos y ciudades más biodiversos, donde la vida silvestre pueda prosperar.

Aunque el jilguero es una especie abundante y ampliamente distribuida en España, presente incluso en Canarias y Baleares, su situación no está exenta de riesgos. Se estima que en nuestro país viven unos 14-15 millones de ejemplares, una cifra que podría transmitir una falsa sensación de seguridad. De hecho, la especie está catalogada como de “Preocupación Menor” en la Lista Roja Europea de Aves, lo que indica que, por ahora, no se encuentra en peligro. Sin embargo, esta clasificación no debe llevarnos a la complacencia ya que el jilguero se enfrenta ante amenazas significativas derivadas de la actividad humana, que cada año provocan pérdidas cuantiosas de individuos.

Entre estas amenazas destacan dos especialmente graves. La primera es la captura ilegal con fines comerciales o para su tenencia en cautividad. El atractivo canto del jilguero ha alimentado históricamente esta práctica, que persiste a pesar de estar prohibida por la normativa europea. La segunda amenaza procede del uso intensivo de plaguicidas y herbicidas en los sistemas agrícolas. Estos productos reducen drásticamente la disponibilidad de semillas e insectos, recursos esenciales para la alimentación de muchas aves, y afectan también a la calidad del hábitat.

La campaña Ave del Año 2026 busca precisamente poner el foco en estos problemas. El jilguero es una especie profundamente ligada a los paisajes agrarios y los entornos abiertos multifuncionales, como olivares, dehesas, pastizales arbolados o márgenes agrícolas. Estos espacios, que combinan usos productivos y valores ecológicos, son fundamentales para su ciclo vital. Sin embargo, están experimentando transformaciones aceleradas: intensificación agrícola, pérdida de setos y lindes, homogeneización del paisaje o reducción de la vegetación natural. Al elegir al jilguero, se abre una oportunidad para impulsar un diálogo social sobre modelos de agricultura más sostenibles, capaces de integrar la producción de alimentos con la conservación de la biodiversidad.

Pero el jilguero no solo habita en el campo. También es un visitante habitual de pueblos y ciudades, donde encuentra jardines, parques y solares con vegetación espontánea. Su presencia en estos entornos urbanos permite ampliar el mensaje de la campaña hacia otro reto urgente: la necesidad de reverdecer las ciudades. La jardinería intensiva, basada en podas excesivas, eliminación de “malas hierbas” y uso de productos químicos, reduce drásticamente los recursos disponibles para las aves. Apostar por una gestión más naturalizada —con más plantas autóctonas, menos siegas y más espacios verdes conectados— beneficia no solo al jilguero, sino también a la salud y el bienestar de las personas.

En este contexto, resulta especialmente relevante la advertencia en forma de carta publicada el pasado 15 de enero en la revista Science (https://acortar.link/cpo0Od), donde un grupo de investigadoras e investigadores alertaba del riesgo de normalizar prácticas pseudocientíficas en materia de conservación. El artículo denunciaba que en comunidades como Madrid y Andalucía se están autorizando capturas de fringílidos —entre ellos jilgueros, pardillos, verderones y verdecillos— bajo una supuesta justificación científica que, según los firmantes, carece de rigor y busca reintroducir una práctica prohibida por la Unión Europea. Este tipo de decisiones no solo afecta directamente a las poblaciones de aves, sino que también erosiona la credibilidad de la ciencia y debilita las políticas de conservación.

El caso del jilguero europeo ilustra a la perfección la complejidad de conservar incluso a las especies más comunes. Su abundancia actual no garantiza su futuro si no se abordan las amenazas a las que se enfrenta. Por eso, su designación como Ave del Año 2026 es una invitación a reflexionar sobre nuestra relación con el entorno, a valorar la biodiversidad cotidiana y a exigir políticas basadas en la evidencia científica.

Proteger al jilguero es, en realidad, proteger los paisajes que nos alimentan, los parques que disfrutamos y la riqueza natural que define nuestro territorio. Su canto, tan familiar y alegre, nos recuerda que la conservación no es solo una cuestión de especies raras o lejanas, sino también de aquellas que forman parte de nuestra vida diaria y que merecen un futuro seguro.

Paisaje sonoro

Hoy vamos a escuchar el canto del jilguero europeo (Carduelis carduelis), un sonido que seguro nos sonará familiar.