"Ver los dedos de un músico por un auténtico violoncello Stradivarius interpretando a Bach... Es un obsequio, un regalo al oído"
'FEMUBA', la firma de opinión del periodista y crítico literario Juan Ángel Fernández

Albacete
La ciudad cambió estos últimos dias de enero su esmerado empeño... abierto al proceso de enlucir su apariencia en busca de la calidez y buena imagen para resguardarse de ése viento seco de invierno al que en ningún momento habiamos echado de menos: Vendavales molestos que han agobiado, han atosigado al personal y, porqué no decirlo: a los ambientes del exterior: Violentos... y fríos, muy fríos, una incomodad... regalada por la furia invernal.
Mencionados por encima los fríos, los ventarrales de enero, hay que recordar que coincidieron con una dedicación especial en la capital al siempre agradecido mundo de la cultura: Conciertos, Danzas clásicas, Charlas literarias, Flamenco de altura; dúos, tríos, cuartetos... y un caramelo no al alcance de cualquiera: el Undecimo Festival de Música Barroca en el Teatro Circo de Albacete, EL FEMUBA, con mayusculas. Esta vez con los carros de combate de los años transcurridos a pie de escenario, quiero decir atendiendo los conocimientos y trabajos de esos años hasta, ¡al fin!... bordar un programa no al alcance y organización de cualquiera. Andrés Alberto Gómez su promotor original e inspirador de cartelerias de élite al fín encontró el discernimiento e interpretación de intenciones que andaba demandando a los centros activos de la ciudad para, como al fín ocurrió, llenar el Teatro Circo durante varios días con un programa donde la elite de interpretes, las comprensiones que demandaban los últimos diez años dieron el resultado esperado: llenos en cada una de las galas:
Cuando contemplas la mano de un músico, desplazando los dedos... viajandolos por el mastil de un auténtico violoncello Stradivarius interpretando una suite de Juan Sebastian Bach el obsequio se agradece como un regalo al oído. Y observas esa mano izquierda del maestro como una tarantula que recorre el arbol del instrumento buscando la presa. La presa no es otra cosa que tu propio oído que entra en cualquier recondito escondite de tus sentidos hasta encontrar tu aspiración en forma de suspiro desplegandose con el resto de espectadores por el teatro como un regalo divino. Pura delicia, adornada del silencio sepulcral en las butacas. Es el fario encontrado de su promotor que todos aplaudimos.
Ahora, el tiempo que nos viene, indica que no todo ha terminado. Que los próximos días habrá que resguardarse una vez más de esos vientos fríos del invierno que no han querido despedirse.
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