La Encantada de Fuencaliente, pero contada diferente
Con motivo de San Valentín, viajamos al Valle de Alcudia y Sierra Madrona para conocer una de las leyendas de amor más singulares del territorio

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Ciudad Real
Esta semana en Curioseando, la guía oficial de turismo Raquel Méndez, nos ha traído una leyenda de la tierra con motivo de la proximidad de la celebración de San Valentín. Leyenda que nos transporta hasta el punto de la provincia donde Ciudad Real empieza a oler a aceite de oliva jienense y a dehesa cordobesa. En pleno Valle de Alcudia y Sierra Madrona se alza Fuencaliente, un enclave de naturaleza, pinturas rupestres… y una de las leyendas de amor más singulares del territorio.
Hoy, Raquel Méndez, la cuenta en un tono más actual, sin las florituras del castellano antiguo, pero sin perder la esencia que ha pasado de generación en generación.
Una historia de amor imposible
La leyenda sitúa la historia en tiempos de la Reconquista —sin fecha concreta, como suele ocurrir— y habla de una joven de gran belleza perteneciente a una influyente familia musulmana. Su padre, figura de autoridad local, esperaba para ella un matrimonio ventajoso. Sin embargo, la muchacha se enamoró de un pastor de la zona, un joven humilde que vivía entre cabras y tomillos.
Como era de esperar en este tipo de relatos, el padre reaccionó con ira. Incapaz de permitir aquella relación, recurrió a un sabio o hechicero para poner a salvo —o más bien, ocultar— a su hija. El conjuro elegido fue tan extremo como definitivo: encerrar a la joven dentro de un gran peñón de cuarcita, uno de los muchos que salpican el paisaje de Fuencaliente.
La joven quedó atrapada bajo un embrujo que solo le permite salir una vez al año, al amanecer del día de San Juan. En ese breve instante, la roca se abre y la muchacha aparece en lo alto del peñasco, peinándose la larguísima melena con un peine de oro que reluce con la primera luz del sol.
Es entonces cuando la leyenda introduce un elemento humano… y una prueba que casi nunca se supera.
La pregunta que nadie responde bien
Cuenta la tradición que, si un caminante la descubre en ese mágico momento, ella le formula una pregunta directa. En una mano sostiene el peine de oro; con la otra, se señala a sí misma.La cuestión es sencilla:
“¿Qué prefieres? ¿El peine o a la mujer?”
Según el relato popular, los hombres que se encuentran con la Encantada suelen confiar más en la riqueza inmediata que en el amor eterno. Y eligen el peine. Siempre el peine.
En el instante en que lo hacen, ella lanza el objeto con asombrosa precisión. El caminante cae fulminado —la maldición pesa más que el oro— y la joven regresa llorando a la roca, condenada a otro año de encierro.
El Peñón de la Encantada existe y se puede contemplar perfectamente en Fuencaliente. Los vecinos lo señalan con respeto y orgullo, consciente de que forma parte del patrimonio cultural y del imaginario local. El entorno, además, está acompañado por importantes enclaves de arte rupestre declarados Patrimonio de la Humanidad.
Más allá de la fantasía, la historia refleja un mensaje muy de esta tierra: aquí las leyendas no necesitan dragones ni epopeyas grandilocuentes. Basta una roca, un peine y un personaje que elige mal.
Y, por si acaso, la moraleja queda clara: si alguna vez, al amanecer de San Juan, alguien se cruza con una joven de belleza extraordinaria y un peine dorado en Fuencaliente, quizá sea buena idea elegir a la mujer.
Tal vez incluso dé las gracias invitando a unas gachas o a un buen plato de carne de caza de la zona.




