Índices climáticos y biodiversidad
Juan José Sanz Cid, Investigador Científico del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC)
Nómada del viento: Oscilaciones y presiones (10/02/2026)
Toledo
Los índices climáticos como la Oscilación del Atlántico Norte (NAO), la Oscilación Ártica (AO) y el fenómeno El Niño‑Oscilación del Sur (ENSO) funcionan como grandes pulsos del sistema climático terrestre. Aunque no podamos verlos directamente, influyen en el tiempo que experimentamos y en la vida de innumerables especies. Para entenderlos, conviene imaginar la atmósfera y los océanos como un enorme engranaje en movimiento continuo, donde la presión, el viento y la temperatura interactúan sin descanso.
La NAO se basa en la diferencia de presión entre el anticiclón de las Azores y la baja de Islandia. Cuando esa diferencia es grande, los vientos del oeste se intensifican y llevan humedad hacia el norte de Europa dejando sequías en nuestra región; cuando es pequeña, el sur del continente recibe más lluvias. Desde enero estamos en una fase negativa de este índice (https://www.ncei.noaa.gov/access/monitoring/nao/).
La AO compara la presión del Ártico con la de latitudes medias y determina si el aire frío queda confinado en el Polo Norte o se desplaza hacia regiones templadas. En febrero de 2026, los análisis meteorológicos muestran que la AO continúa siendo un indicador clave del comportamiento del vórtice polar, se mantiene como un patrón muy variable que influye en la llegada de aire frío a latitudes medias (https://published.aer.com/aoblog/aoblog.html).
ENSO es un fenómeno oceánico‑atmosférico que ocurre en el Pacífico tropical y cuyos estados sí están claramente definidos en febrero de 2026: según los informes oficiales, La Niña está presente, con temperaturas superficiales del mar por debajo de lo normal en el Pacífico central y oriental, y con anomalías atmosféricas coherentes con esta fase. Además, se indica que existe un 75 % de probabilidad de transición hacia condiciones neutrales en estos meses.
Estos índices no son simples curiosidades meteorológicas: afectan profundamente a la biodiversidad. La vida en la Tierra depende del clima de formas muy precisas. Muchas plantas necesitan temperaturas y lluvias específicas para brotar; los animales sincronizan su reproducción, migración o hibernación con señales o pistas ambientales que han sido estables durante miles de años. Cuando esas señales cambian, todo el sistema se desajusta. En Europa, por ejemplo, una NAO positiva puede traer inviernos suaves al norte, permitiendo que algunas aves pasen la estación más al norte de lo habitual o que ciertas plantas broten antes de tiempo.
Pero en el Mediterráneo, esa misma fase puede provocar sequías prolongadas, reducir la disponibilidad de agua y aumentar el riesgo de incendios, afectando a bosques, matorrales y a todas las especies que dependen de ellos. La AO también tiene efectos notables: cuando está en fase negativa y el aire frío se desplaza hacia el sur, pueden producirse olas de frío repentinas que afectan a especies poco preparadas para temperaturas extremas. Un episodio así puede causar mortalidad masiva en anfibios, reptiles o insectos, o dañar brotes y flores que ya habían iniciado su ciclo anual, alterando la disponibilidad de alimento para polinizadores y herbívoros.
ENSO es, con diferencia, el índice con mayor impacto global. Durante La Niña —la fase actual en febrero de 2026— el Pacífico oriental se enfría más de lo habitual, lo que intensifica el afloramiento de aguas frías ricas en nutrientes frente a Sudamérica. Esto puede favorecer temporalmente la productividad marina, pero también altera los patrones de lluvia en todo el planeta. La Niña suele traer más huracanes al Atlántico, lluvias intensas en algunas regiones tropicales y sequías en otras, como Australia o partes de Sudamérica. Estos cambios afectan a la reproducción de aves, a la disponibilidad de frutos para primates, a la frecuencia de incendios y a la supervivencia de especies que viven al límite de sus tolerancias climáticas.
Además, estos índices no actúan de forma aislada. A veces se combinan, se refuerzan o se contrarrestan, creando patrones climáticos complejos que influyen en la fenología —el calendario natural de la vida—, en la migración de aves, en la dispersión de semillas o en la aparición de plagas y enfermedades. En un mundo que se calienta, esta interacción entre variabilidad natural y cambio climático añade un nivel extra de incertidumbre. Ecosistemas que antes podían recuperarse de un evento extremo ahora están más debilitados, y especies que dependían de señales climáticas estables pueden perder su capacidad de adaptación. Por eso, comprender estos índices no es solo una cuestión científica: es una herramienta fundamental para anticipar cambios ecológicos, proteger la biodiversidad y gestionar los recursos naturales de forma sostenible.
Paisaje sonoro
En estas fechas están realizando la puesta de sus huevos los buitres ibéricos presentes como el buitre leonado (Gyps fulvus) o el buitre negro (Aegypius monachus) cuyas envergaduras (distancia total entre las puntas de las alas) alcanza casi los 3 metros. En breve llegará el tercer buitre que tenemos en la península Ibérica desde sus cuarteles de invernada en África, el Alimoche (Neophron percnopterus). Hoy vamos a escuchar sus cantos que más bien los debemos llamar graznidos en el orden indicado.