Cuando las redes educan más que los padres
La pregunta no es si esta medida es excesiva. La pregunta es por qué hemos tardado tanto
La mirada de Toledo: Cuando las redes educan más que los padres (11/02/2026)
Toledo
La prohibición del uso de redes sociales para menores de 16 años no es un capricho político ni una cruzada moral. Es una reacción, tardía, pero necesaria, a un problema que llevamos años ignorando: el impacto devastador que estas plataformas están teniendo en la salud mental de nuestros jóvenes.
Durante mucho tiempo hemos comprado el discurso de que las redes sociales “conectan”, “dan voz” o “empoderan”. Pero la realidad que muestran los datos es mucho más cruda. Cada vez más estudios alertan de un aumento significativo de ansiedad, depresión, trastornos de la conducta alimentaria y autolesiones entre adolescentes expuestos de manera intensiva a estas plataformas. Y no hablamos de casos aislados: hablamos de una tendencia global que coincide con la expansión masiva del uso de redes entre menores.
Las redes sociales no fueron diseñadas para proteger a los jóvenes. Fueron diseñadas para retenerlos. Algoritmos que premian la comparación constante, la exposición extrema y la búsqueda compulsiva de validación. Contenidos que normalizan la autoexigencia tóxica, la hipersexualización o la violencia emocional. Y una disponibilidad 24/7 que convierte cualquier conflicto en una tormenta sin escapatoria.
Cuando un menor de 13, 14 o 15 años, en plena construcción de su identidad, se enfrenta a ese entorno sin filtros, sin madurez emocional y sin herramientas críticas, el resultado es previsible. Y lo estamos viendo: más consultas psicológicas, más urgencias psiquiátricas, más familias desbordadas.
Por eso, limitar el acceso no es prohibir por prohibir. Es proteger. Igual que protegemos de la venta de alcohol, del juego online o de la conducción sin carnet. No porque desconfiemos de los jóvenes, sino porque sabemos que hay riesgos que no pueden gestionar solos.
La pregunta no es si esta medida es excesiva. La pregunta es por qué hemos tardado tanto.
Alexandra Jiménez
Abogada.