La unión hace la fuerza

La mirada de Toledo: La unión hace la fuerza (12/02/2026)
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Toledo
Buenos días nos dé Dios, don Carlos.
Permíteme que os cuente una cosa a ti y a los oyentes…
En el ya lejano año de Nuestro Señor de 1999 se pergeñó la creación de un órgano que con sólo escuchar su nombre se me eriza la piel en el mejor de los sentidos: el Consejo de Comunidades Castellanas. Ufff, suspiro de nostalgia. En este amago de proyecto estaban los presidentes autonómicos de Castilla y León, Madrid y Castilla-La Mancha del momento, es decir, Juan José Lucas, Alberto Ruiz Gallardón y José Bono. Podríamos decir que faltaron los presidentes autonómicos de las otras dos comunidades de raíz castellana como son Cantabria y La Rioja. Pero bueno, lo cierto es que resultó un paso ―o un intento de paso― maravilloso en pos de profundizar en los vínculos entre tres comunidades que, nos pongamos como nos pongamos, son hermanas o algo más, y llevar a cabo políticas comunes en lo referido a infraestructuras o medio ambiente, por ejemplo.
Pues bien, ¿a qué viene esta añoranza de un consejo que ni siquiera llegó a existir como tal y cuyo proyecto se quedó en el aire? Pues muy sencillo. Este recuerdo del infructuoso Consejo de Comunidades Castellanas viene a reivindicar, una vez más desde este micrófono amarillo por parte de un servidor, la importancia y el valor de nuestra identidad castellana y de lo positivo que sería para estas tres comunidades autónomas en particular y para España en general que de verdad este órgano existiese. Como siempre digo, esta reivindicación siempre forma parte de mí, pero ha venido a colación ante los choques entre Castilla La Vieja y León, a causa del interés por montar una mega Feria de Abril en Madrid, y sí, repito, una mega Feria de Abril en Madrid y a consecuencia de la continua «obsesión mancheguizadora» de algunas personas en Castilla-La Mancha ―y esto lo digo como orgullo hijo de manchega―.
Es más, dejando a un lado algo que en verdad aunque queramos no se puede dejar jamás de lado como es la identidad, la esencia y las raíces, sólo por las relaciones administrativas, sociales, comerciales, etc., un órgano de este tipo sería casi una bendición del cielo. Pero claro, para eso hacen falta dos cosas: uno, querer, y dos, que los dos grandes partidos nacionales se pongan de acuerdo en algo y si no lo hacen ni en el azul del cielo y, perdón por la escatología pero es que ya cansa, ni en el marrón de la m… todo esto resulta una utopía.
Ojalá algún día, estas fronteras artificiales que dividen y separan a los antaño orgullosos castellanos pasen a un segundo plano en pos de la unión, en pos del bien común de Castilla y de España, copón.
Buenos días.

Daniel Gómez Aragonés
Historiador, escritor y colaborador de SER Historia




