Un escritor frente a la guerra: así retrata Jambrina a Miguel de Unamuno
Ponemos en práctica un juego metaliterario que recorre su última investigación y la Salamanca de la Guerra Civil

Unamuno vuelve como personaje en una investigación literaria singular
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Cuenca
Hablar con Miguel de Unamuno en pleno siglo XXI parece imposible. Sin embargo, la radio y la literatura se alían para hacerlo viable a través de un ejercicio de metaliteratura que convierte al autor en personaje y al escritor contemporáneo en su portavoz.
En una conversación emitida en El rincón de leer de Hoy por Hoy Cuenca, el escritor Luis García Jambrina se presta a encarnar al propio Miguel de Unamuno, protagonista de su novela El último caso de Unamuno. El resultado es un diálogo singular que mezcla literatura, memoria histórica y reflexión sobre la escritura.
La charla, planteada como un especial de Carnaval, sirve también para recomendar una obra que reconstruye los últimos meses de vida de Unamuno en una Salamanca marcada por la guerra y el miedo.

Cubierta de 'El último caso de Unamuno', de Luis García Jambrina / Alfaguara

Cubierta de 'El último caso de Unamuno', de Luis García Jambrina / Alfaguara
Un juego literario
El punto de partida de la conversación es el balance del Festival Internacional de Novela Criminal de las Casas Ahorcadas, que según sus organizadores ha registrado “lleno absoluto con gente de pie el viernes y el sábado”. En ese contexto cultural, surge la propuesta de un programa especial que combine literatura y ficción radiofónica.
Antes de entrar en el juego, Jambrina reflexiona sobre su trayectoria literaria y su predilección por convertir a grandes escritores en investigadores. “Yo no conozco policías ni detectives privados”, afirma, “lo que conozco un poquito son escritores”. Profesor de literatura española además de novelista, defiende que las grandes plumas son “detectives ideales”.
Según explica, los escritores destacan por su inteligencia, su conocimiento del alma humana y su capacidad de observación. “Pueden empatizar con las víctimas, pero también identificarse con los criminales”, sostiene, en contraposición a los métodos puramente científicos de la investigación policial.
En el caso de Unamuno, además, el contexto histórico refuerza esa idea: épocas en las que no había técnicas forenses modernas y todo dependía de “la observación y de entrevistarse con los sospechosos”.
Don Miguel toma la palabra
El tono del programa cambia cuando Jambrina asume plenamente la voz de Unamuno. El personaje se muestra reacio desde el inicio: “Yo no estoy muy de acuerdo con nada de lo que aquí se está diciendo”. Asegura que no quería acudir a la entrevista y que nunca pidió que se contaran esos episodios de su vida.
Pese a ello, admite que hablar de él es una forma de seguir existiendo. “Lo importante para mí es seguir existiendo, y aunque para existir tenga que ser a través de ser el personaje de las novelas de este autor llamado Jambrina…”.
Un caso en la Salamanca de la guerra
Unamuno explica que El último caso de Unamuno se sitúa en la Salamanca de los primeros meses de la Guerra Civil, un periodo que define como “la guerra en civil, porque de civil no tenía nada”. La investigación surge a petición de la viuda de una persona fallecida y se desarrolla en un ambiente de peligro constante.
El caso permite, según el personaje, sacar a la luz un aspecto incómodo: “la participación que tuvo la Universidad de Salamanca en esa guerra al servicio del general Francisco Franco”. Unamuno habla de profesores utilizados para legitimar el alzamiento y deslegitimar a la República, una “vergüenza” que la novela pone en primer plano.
La Nochevieja 1936
La conversación aborda también la muerte de Unamuno, ocurrida en la Nochevieja de 1936. El propio personaje reconoce que recuerda poco de aquella jornada. “Fue un momento muy difícil para mí”, afirma, y vincula su fallecimiento a una obsesión constante por la inmortalidad.
Menciona la visita del joven falangista Bartolomé Aragón, un episodio que la novela reconstruye. “Si no hubiera sido por el profesor Jambrina, yo ahora mismo no sabría realmente qué es lo que ocurrió”, admite, evitando revelar detalles para no desvelar la trama.
Salamanca, miedo y propaganda
Uno de los aspectos más destacados del libro es la recreación de la ciudad durante aquellos meses. Unamuno confirma que la imagen es fiel: “La ciudad es así”. Recuerda una Salamanca tomada por militares sublevados, milicias falangistas, requetés y tropas extranjeras.
Evoca el frío, el miedo y la presencia constante de la propaganda, con el cuartel general de Franco en la ciudad y el aparato dirigido por Millán Astray instalado en el Palacio de Anaya. “Son unos días terribles para mí, que me ha costado mucho recordar, pero que todo el mundo debe saber cómo era”.
Estilo, fidelidad y discrepancias
Preguntado por el estilo de Jambrina, Unamuno se muestra elogioso: destaca su “llaneza, naturalidad y sencillez”, cualidades que considera las más difíciles de lograr en la escritura. Sobre el retrato de su persona, se declara “por lo general contento”, aunque introduce matices.
Cuestiona, por ejemplo, la insinuación de una relación sentimental con Teresa Maragall y considera excesivo el tono soberbio con el que a veces se le describe. “Nunca lo fui, y si lo hubiera sido habría tenido motivos”, ironiza.
Lejos de ser una despedida, El último caso de Unamuno abre la puerta a nuevas entregas. El propio personaje revela que hay un acuerdo para “al menos tres novelas más”. El siguiente caso podría situarse en la época de la Primera Guerra Mundial, prolongando así la vida literaria de Unamuno como investigador.

Paco Auñón
Director y presentador del programa Hoy por Hoy Cuenca. Periodista y locutor conquense que ha desarrollado...




