Prevención y apoyo familiar: el trabajo diario de Aldeas Infantiles SOS en Cuenca
La familia de Fernando y Katherine llegó desde Colombia a Cuenca sin una red de apoyo, pero han encontrado el asesoramiento de esta organización

Acompañar para proteger: el impacto de los programas de Aldeas Infantiles
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Cuenca
La pobreza y la exclusión social siguen marcando la infancia y la adolescencia en algunas familias de Castilla-La Mancha. Más de cuatro de cada diez niños, niñas y adolescentes viven en riesgo de pobreza, una realidad que condiciona su bienestar, su educación y su estabilidad emocional desde edades tempranas.
Frente a este contexto, la prevención se ha convertido en una herramienta clave para evitar que las dificultades económicas, sociales y emocionales desemboquen en situaciones de desprotección más graves. En Cuenca, los Centros de Día de Aldeas Infantiles SOS desarrollan un trabajo socioeducativo que pone el foco tanto en los menores como en sus familias, acompañándolos en procesos complejos de adaptación, crianza y fortalecimiento familiar.
Desde la mirada profesional de su equipo hasta la experiencia directa de familias participantes, este reportaje recorre el impacto cotidiano de estos programas de prevención y el valor de intervenir antes de que las fracturas sean irreversibles.
Fortalecer a las familias
“Estamos en un espacio socioeducativo”, explica Luis Huerta, director de los Centros de Día de Aldeas Infantiles SOS en Castilla-La Mancha. Se trata de entornos diseñados para acompañar a familias en situación de vulnerabilidad y ayudarles a construir espacios familiares más seguros.
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“En definitiva, para que los niños, niñas y jóvenes se encuentren más cómodos en sus entornos familiares, en contextos próximos como los centros educativos o la comunidad”.
La realidad con la que trabajan es compleja y diversa. Huerta señala que muchas familias comparten dificultades de acceso a la vivienda, problemas para afrontar los gastos del día a día y situaciones de riesgo que no se limitan solo a lo económico. “El riesgo de pobreza no solamente se centra en lo económico, sino también en lo social, lo emocional”, subraya, lo que obliga a plantear una intervención integral.

En Cuenca, los Centros de Día de Aldeas Infantiles SOS desarrollan un trabajo socioeducativo que pone el foco tanto en los menores como en sus familias.

En Cuenca, los Centros de Día de Aldeas Infantiles SOS desarrollan un trabajo socioeducativo que pone el foco tanto en los menores como en sus familias.
La prevención como eje del trabajo social
Los Centros de Día actúan como un recurso preventivo al que las familias llegan derivadas desde servicios sociales, centros educativos o atención primaria, considerados “el primer detector de vulnerabilidad”. A partir de ahí, el equipo realiza una valoración para determinar si el centro puede dar respuesta a sus necesidades.
“Lo que hacemos es elaborar un itinerario junto con las familias”, explica Huerta. Un proceso compartido, en el que se fijan objetivos de manera conjunta. “Cuando tenemos sentimiento de pertenencia a unos objetivos, los trabajamos con mayor motivación”, añade.
Este enfoque preventivo busca intervenir antes de que las dificultades desemboquen en una separación familiar. “Acompañar a una familia a tiempo puede cambiar la vida de un niño para siempre”, afirma el director. Por eso, el trabajo no se centra solo en los menores, sino también en los progenitores: “Si mejoramos las competencias parentales, la empleabilidad o la formación de los padres, eso aterriza en cascada en los hijos”.
“El riesgo de pobreza no solamente se centra en lo económico, sino también en lo social, lo emocional”.
“El riesgo de pobreza no solamente se centra en lo económico, sino también en lo social, lo emocional”.
El enfoque integral
El trabajo en el Centro de Día de Cuenca se articula en dos tiempos. Por las mañanas, la intervención se centra en madres y padres, con itinerarios formativos personalizados y coordinación con otros agentes sociales del entorno. “Tejer red de apoyo no solo interna, sino también externa, es algo importantísimo”, destaca Huerta.
Por las tardes, el foco se amplía a todo el núcleo familiar. Los niños y niñas reciben refuerzo escolar, pero también participan en talleres de desarrollo personal, oratoria, robótica o educación financiera. “No se trata solo de que el niño haga las tareas, sino de que los papás y las mamás adquieran el hábito de estudio y se impliquen”, señala.
La salud mental, más allá del diagnóstico
La salud mental es uno de los pilares de la intervención. Sin embargo, desde el centro se aborda desde una perspectiva amplia. “No debemos entenderla solo como un diagnóstico”, aclara Huerta. Aspectos como el descanso, la comunicación familiar, la gestión de la frustración o el clima emocional del hogar forman parte de ese bienestar.
“Si en una familia hay gritos o falta de cuidado, todos vamos a estar más tensos”, explica. Por eso, trabajar estas dinámicas desde la prevención resulta clave para reducir el estrés y generar entornos más equilibrados.
Actualmente, los programas de prevención de Aldeas Infantiles SOS en Castilla-La Mancha atienden a unas 250 familias y cerca de 300 niños, niñas y jóvenes.

Los Centros de Día actúan como un recurso preventivo al que las familias llegan derivadas desde servicios sociales, centros educativos o atención primaria.

Los Centros de Día actúan como un recurso preventivo al que las familias llegan derivadas desde servicios sociales, centros educativos o atención primaria.
Fernando y Katherine
Fernando Herrera y Katherine León son padres de Jacobo y participantes en los programas de prevención en Cuenca. Su llegada a España estuvo marcada por la falta de apoyos. “No conocíamos a nadie, no teníamos familia aquí”, recuerda Fernando.
“El trato ha sido muy agradable”, afirma. Recibieron apoyo económico, educativo y emocional en un momento clave, cuando su hijo tenía apenas dos años y medio.
Para Katherine, el primer impacto fue el acompañamiento emocional. “Siempre han estado ahí para ayudarnos en todo el proceso, tanto emocional como psicológico”, explica. La adaptación cultural, los trámites y la escolarización de Jacobo fueron retos que afrontaron con apoyo constante.
Aprender a no rendirse
Ambos coinciden en el valor humano del equipo. Fernando destaca “el valor inmenso” de los profesionales y recomienda el recurso a cualquier persona en situación de vulnerabilidad. “Aquí uno es tratado como en familia”, asegura.
Katherine subraya el aprendizaje principal: “No hay que rendirse, hay que salir adelante y luchar por nuestros sueños”. Desde que participan en el programa, la dinámica familiar ha cambiado. “Hemos tenido un espacio donde alguien nos escucha y nos orienta para ser una mejor familia”, explica.
En el caso de Jacobo, el impacto ha sido evidente. “Al principio extrañaba su país, pero aquí ha encontrado cariño y nuevas familias”, cuenta Katherine. Para Fernando, el programa ha supuesto “un empujón” hacia la estabilidad y la integración.
Trabajar desde la prevención resulta clave para reducir el estrés y generar entornos más equilibrados.
Trabajar desde la prevención resulta clave para reducir el estrés y generar entornos más equilibrados.
Invertir en prevención
Pedir ayuda no fue fácil. “Yo no soy de pedir ayudas”, reconoce Fernando, pero hacerlo fue una decisión marcada por el bienestar de su hijo. Hoy, ambos coinciden en sentirse seguros y acompañados.
Para Luis Huerta, el mensaje final es claro: “Invertir en prevención es una inversión a largo plazo”. No solo en términos económicos, sino sociales y humanos. “Tener núcleos familiares más estables repercute en la salud mental y en una sociedad de mayor bienestar”, concluye.

Paco Auñón
Director y presentador del programa Hoy por Hoy Cuenca. Periodista y locutor conquense que ha desarrollado...




