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Historia

Landete, el pueblo de Cuenca que fue faro educativo en la España de los años 60

El instituto y del Colegio Menor de este pueblo conquense permitieron cambiar el futuro de cientos de jóvenes

Un colegio menor que cambió vidas: la historia educativa de Landete

Cuenca

A finales de la década de 1950, en una España rural con escasas oportunidades educativas, un pequeño municipio de la Serranía Baja de Cuenca se convirtió en un referente inesperado de acceso a la enseñanza media. Landete pasó de ser un pueblo más del interior a acoger a cientos de jóvenes llegados de distintos puntos del país para estudiar bachillerato y formación profesional.

El impulso llegó de la mano de Claudio Novella Sánchez, secretario del ayuntamiento y más tarde alcalde, cuya iniciativa permitió la creación del Instituto de Enseñanza Media y, posteriormente, del Colegio Menor Andrés de Cabrera. Un proyecto educativo que cambió la vida del municipio y el futuro de varias generaciones.

Una investigación reciente, dirigida por Mariano López Marín desde el Centro de Estudios del Marquesado de Moya, reconstruye el origen, desarrollo y significado de aquella experiencia educativa singular.

El origen de una idea

La creación de un instituto en Landete no fue fruto de una decisión administrativa aislada, sino de la detección de una necesidad urgente. En aquellos años, las opciones para cursar estudios medios en la provincia de Cuenca eran muy limitadas y obligaban a muchas familias a asumir desplazamientos imposibles.

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Según explica Mariano López Marín, la idea surge del contacto directo de Claudio Novella con la realidad social del entorno. “Detectó esas carencias educativas y dijo: ‘Aquí hay que hacer algo’”, relata. Desde su posición como secretario municipal, Novella comenzó a hablar con vecinos, instituciones locales y organismos del momento para plantear la solicitud de un instituto asociado al distrito educativo de Cuenca.

El objetivo era claro: que los jóvenes pudieran estudiar sin abandonar su comarca ni depender de recursos económicos de los que muchas familias carecían.

El instituto y el Colegio Menor Andrés de Cabrera no solo ofrecieron educación: abrieron horizontes.

Un proyecto de todo un pueblo

El papel del Ayuntamiento y de la población de Landete fue determinante desde el inicio. “Todo el mundo se implicó porque movía a todo un pueblo”, explica López Marín. Cooperativas, organismos locales y vecinos colaboraron para que el proyecto saliera adelante.

El instituto comenzó a funcionar y, ante la llegada masiva de estudiantes de fuera, el propio pueblo se convirtió en una red de acogida. Alumnos alojados en casas particulares, en edificios compartidos y en grandes viviendas señoriales marcaron los primeros años de funcionamiento del centro.

Esa implicación colectiva no solo permitió consolidar el instituto, sino que sentó las bases para un segundo paso decisivo: la creación de una residencia estudiantil propia.

El Colegio Menor

La llegada constante de alumnado hizo evidente la necesidad de una infraestructura estable. Así nació el Colegio Menor Andrés de Cabrera, concebido como residencia con manutención, actividades formativas y personal especializado.

“El instituto era donde se estudiaba; el colegio menor era donde se vivía”, resume López Marín. El Ministerio de Educación aprobó oficialmente el centro en 1964, aunque ya funcionaba con anterioridad, y se convirtió en un espacio clave para la convivencia y la formación integral del alumnado.

A diferencia de otras residencias, el colegio menor incorporaba profesores y actividades educativas complementarias, mientras que la enseñanza reglada se impartía en el instituto, que tuvo varias ubicaciones a lo largo de los años.

Inauguración de la residencia La Verde en 1967.

Becas, cartas y una red educativa

Uno de los elementos más innovadores del proyecto fue su sistema de becas. Claudio Novella, conocedor de la administración, envió cartas no solo a municipios de Cuenca, sino también a provincias como Cádiz, Navarra, Segovia, Teruel o Soria.

En esas comunicaciones se explicaba que los estudiantes podían acceder a becas completas que cubrían enseñanza y residencia. “Así se consiguió que viniese muchísima gente a Landete a estudiar”, señala el investigador. Llegaron alumnos de familias con pocos recursos, atraídos por la posibilidad de formarse sin apenas coste más allá del desplazamiento.

El sistema fue tan exitoso que las plazas se quedaron pequeñas. A las 84 iniciales se sumaron ampliaciones, nuevas residencias y alojamientos en casas particulares.

Convivencia y formación humana

Más allá de lo académico, la experiencia de convivencia marcó profundamente a quienes pasaron por Landete. “Todos guardan un grandísimo recuerdo de compañeros, de amigos y de la gente de Landete”, afirma López Marín, basándose en testimonios recogidos por la asociación de antiguos alumnos.

La formación incluía bachillerato y también formación profesional, con talleres prácticos impartidos por profesionales del entorno. Esa combinación reforzaba una educación integral que preparaba tanto para estudios superiores como para el mundo laboral.

Las actividades deportivas, culturales y la vida compartida hicieron del colegio menor un espacio de socialización intensa en una localidad que llegó a acoger a más de 300 jóvenes al mismo tiempo.

Inauguración del Colegio Menor Andrés de Cabrera de Landete en 1968.

Impacto económico y social

La presencia de cientos de estudiantes transformó la vida cotidiana del municipio. Comercios, carnicerías, panaderías y familias que alojaban alumnos encontraron una nueva fuente de ingresos. “El impacto fue muy grande”, subraya el investigador.

Ese dinamismo coincidió con importantes mejoras urbanas impulsadas durante la etapa de Claudio Novella como alcalde: arreglo de calles, abastecimiento de agua potable y otras infraestructuras que modernizaron Landete.

Durante aquellas décadas, el municipio se convirtió en “un epicentro de la enseñanza en Cuenca”, con resultados académicos comparables o superiores a los de la capital.

El instituto y el Colegio Menor Andrés de Cabrera no solo ofrecieron educación: abrieron horizontes. Permitieron que jóvenes de entornos rurales accedieran a magisterio, formación profesional y carreras universitarias que de otro modo hubieran sido inalcanzables.

La investigación dirigida por Mariano López Marín recupera la memoria de una iniciativa colectiva que situó a Landete en el mapa educativo y demuestra cómo la educación puede transformar un territorio y a quienes lo habitan.

Paco Auñón

Director y presentador del programa Hoy por Hoy...