Carta de una consultora
La firma de opinión de la politóloga Ángela Paloma Martín
Carta de una consultora
Ciudad Real
Después de más de 16 años de trayectoria profesional en la comunicación en más de seis países, me di cuenta de que no había formación suficiente para abordar la consultoría política y corporativa de manera integral y completa.
Sin embargo, siendo consciente de esto y movida por la inquietud de lo que acontece, por las debilidades que en el pasado he ido encontrando y por la pasión que siempre me ha empujado a mejorar nuestras condiciones de vida, decidí abordar desde la psicología conocimientos que creía que me faltaban. Iniciar una nueva carrera no solo ha fortalecido lo que creía evidente, sino que también me está ayudando a estudiar mejor y a analizar mejor a un electorado cuyas opiniones siguen pareciendo incomprensibles a ojos de las encuestas; pero también me está permitiendo, poco a poco, adquirir las herramientas para ayudar a nuestras líderes y nuestros líderes a ejercer el poder desde el liderazgo que nuestras sociedades necesitan actualmente y que nada tiene que ver con la fuerza, la violencia o la contraposición.
Se sigue sin comprender cómo existe una parte de la población que aún reivindica el franquismo o que alza la voz con la palabra libertad sin saber qué significa y qué motivó dar la propia vida por ella en el pasado. Se sigue sin comprender cómo defendemos una sanidad o una educación concreta y luego vamos a las urnas votando en contra de aquello que defendemos. Porque, claro, también somos nuestras propias contradicciones. Y los mensajes y las justificaciones suelen ser vagas ante problemas complejísimos. ¿Qué les pasa a los jóvenes? Que son jóvenes, y lo que piensan y defienden merece especial atención, más allá de la falsa afirmación generalizada de que todas y todos son de ultraderecha.
Me gustó la reflexión que hicimos ayer en clase de psicobiología cuando se compartió que lo que se llaman problemas mentales son realmente problemas de base social. Patologizamos el sufrimiento. Y la vida son altos y bajos, no tan bella ni perfecta como compartimos en Instagram.