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"La historia de la ciencia nos ha enseñado que toda actividad afectada por la exclusión está avocada a desaprovechar una enorme riqueza"

'Talento femenino', la firma de opinión del catedrático e investigador de la Universidad de Castilla-La Mancha y director del Jardín Botánico, Pablo Ferrandis

'Talento femenino', la firma de opinión de Pablo Ferrandis

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Albacete

El pasado 11 de febrero fue el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. En la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica y de Montes y Biotecnología de Albacete celebramos la efeméride con una jornada de conferencias invitadas, en las que investigadoras de diversas instituciones nos explicaron sus líneas de trabajo y su experiencia como científicas. En voz de estas mujeres, oímos hablar sobre vesículas extracelulares del plasma seminal, reglas de ensamblaje de comunidades vegetales, distribución tisular de carotenoides en órganos humanos, sistemas multitróficos en acuicultura, o efectos de los compuestos volátiles vegetales en las propiedades del vino, entre otras investigaciones punteras. Esta conmemoración fue promovida por la ONU en 2015, con el fin de concienciar sobre la brecha de género aún existente en las ciencias y consolidar la inclusión y participación de las mujeres en la carrera profesional científica.

Como en tantos otros ámbitos, las mujeres han sufrido también discriminación en la ciencia. Este hecho llama particularmente la atención, por ser la ciencia la búsqueda sistemática y empírica de la realidad objetiva, fundamentada en la ausencia de prejuicios y sesgos personales o colectivos de quienes la practican. Son notables los casos, por ejemplo, de Chien-Shiung Wu, Lise Meitner, Rosalind Franklin, o Jocelyn Bell Burnell, por citar algunos de los muchísimos que hay. Las contribuciones de estas mujeres a los campos de la física, la biología molecular y la astronomía fueron revolucionarias y motivaron la concesión del premio Nobel a sus colegas masculinos, sin recibir ellas el merecido reconocimiento. Algo flagrante, del todo injusto en el mundo supuestamente imparcial de la ciencia.

Otra figura femenina que personalmente me atrae muchísimo, por la naturaleza de su obra, es la de Lynn Margulis. Esta bióloga estadounidense postuló la teoría de la endosimbiosis seriada en 1967, que viene a contarnos que la célula eucariota, con núcleo definido, se originó por la unión simbiótica de células más sencillas. En resumidas cuentas, somos lo que somos por la fusión ancestral de bacterias unicelulares, que originaron una célula mucho más compleja y efectiva en términos biológicos. Se podría decir que los humanos -seres eucariontes pluricelulares heterótrofos- somos una suerte de megacolonia de bacterias elevadas al cubo. La teoría, tan cierta como maravillosa, encontró, sin embargo, una férrea oposición de la comunidad científica en sus inicios. De hecho, Margullis vio rechazada la publicación de su trabajo hasta en quince ocasiones, recibiendo en algunos casos críticas abiertamente despectivas de los revisores editoriales. El rechazo a su estudio se debió a la audacia y disrupción que planteaba en el marco teórico evolucionista del momento, pero también -y mucho- a su juventud y a su condición de mujer, en una disciplina dominada por hombres. Fue su tenacidad y la fe en su trabajo los que le permitieron sacar finalmente a la luz el inmenso tesoro que había descubierto.

Pero tampoco es necesario ascender a la esfera de los hitos científicos ni de los agravios históricos para dar fe del talento científico femenino. Yo mismo soy testigo de él en mi ámbito profesional cotidiano. En la Escuela de las Ingenierías Agroforestales y Biotecnología, tengo compañeras que son referente en sus respectivas disciplinas científicas: producción animal, ingeniería agroforestal, química agrícola, biología molecular... Lo mismo ocurre en la ecología vegetal, el campo de investigación donde desarrollo mi actividad y en el que las mujeres se han hecho un hueco especialmente destacado. Lo que nos enseña la historia de la ciencia -y de otros ámbitos intelectuales como la literatura, la música, o la filosofía- es que toda actividad afectada por la exclusión está avocada a desaprovechar la enorme riqueza que ofrece el diverso conjunto de seres humanos que conformamos esta sociedad. Y esto es del todo necio, un derroche irracional y absurdo, además de intrínsecamente injusto.

Atentamente les saluda, Pablo de Passo.

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Pablo Ferrandis

Pablo Ferrandis

Pablo Ferrandis Gotor (Albacete, 1966) es Catedrático en la Universidad de Castilla-La Mancha. Licenciado...

 

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