Crimen entre leyendas: Alaitz Leceaga presenta en Cuenca ‘La última princesa’
Esta novela ambientada en el Euskadi de 1992 combina investigación criminal, memoria familiar y ecos sobrenaturales

‘La última princesa’: Alaitz Leceaga presenta en Cuenca su nueva novela
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Cuenca
La escritora Alaitz Leceaga debuta en el género negro con La última princesa, una obra ambientada en el País Vasco de 1992 que combina investigación criminal, conflicto íntimo y una atmósfera marcada por antiguas leyendas.
En una entrevista en Hoy por Hoy Cuenca junto a Sergio Vera, director del club de lectura Las Casas Ahorcadas, la autora desgrana las claves de una novela protagonizada por una mujer adelantada a su tiempo, atravesada por un pasado familiar complejo y por un entorno social que no puede entenderse sin su contexto histórico.
El club de lectura ha organizado un encuentro virtual con la autora el viernes 6 de marzo a las 19.00 h en la sala del Volao de la Biblioteca Pública Fermín Caballero de Cuenca.
Una mujer que rompe moldes
El eje de La última princesa es Nora Cortázar, una mujer que rompe moldes desde su propia concepción. En 1992, Nora es jefa de la unidad de análisis del comportamiento de Interpol, pionera de la criminología en un momento en el que el género aún no había normalizado este tipo de liderazgos femeninos. La referencia temporal no es casual: “para que nos pongamos en situación, se acababa de estrenar El silencio de los corderos”, apunta Vera.
A esa singularidad profesional se suma un rasgo poco habitual en la novela negra: Nora tiene síndrome de Asperger de alto funcionamiento. Leceaga subraya que este elemento forma parte del personaje, pero no lo define por completo. “Reducirla a eso me parecería injusto para el personaje”, explica, insistiendo en que su interés como escritora está en los personajes “complejos, con aristas y grises”.
La escritora Alaitz Leceaga.
La escritora Alaitz Leceaga.
Regresar al origen
La novela se abre con el regreso de Nora a Lemóniz, su pueblo natal, Lemóniz en Vizcaya, para asistir al funeral de su madre. El retorno, lejos de ser un simple trámite, se convierte en un detonante narrativo cuando aparece asesinada su mejor amiga de la infancia. La víctima llevaba años sin contacto con Nora, pero es encontrada con una fotografía suya y su número de teléfono actual anotado al dorso.
Ese arranque responde, según la autora, a una convicción clara: “cuando escribes novela negra le debes al lector engancharle desde el principio”. La promesa implícita es una historia que invite a pasar páginas sin tregua, algo que Leceaga asume como una responsabilidad hacia quienes eligen su libro.
Familia, silencio y violencia
Más allá del crimen, La última princesa se adentra en una dimensión íntima marcada por el peso del pasado familiar. El padre de Nora fue uno de los miembros más sanguinarios y desconocidos de ETA, hasta que ella misma lo denunció siendo adolescente. Ese hecho condiciona su relación con el pueblo, con su familia y consigo misma.
Leceaga aclara que su novela no pretende ser “una historia sobre el fin del terrorismo ni sobre el conflicto armado”, pero defiende que ambientar una trama en Euskadi en 1992 sin hacer ninguna referencia a esa realidad “no era honesto para con los lectores”. El terrorismo formaba parte de la cotidianidad y dejarlo fuera habría supuesto, en sus palabras, falsear el contexto.
Portada del libro. / Planeta
Portada del libro. / Planeta
Euskadi como escenario narrativo
El regreso a Lemóniz no es solo emocionalmente complejo para la protagonista; también lo es socialmente. Se trata de una localidad marcada por las amenazas de la banda terrorista en torno a la central nuclear, un telón de fondo que añade tensión y verosimilitud al relato.
La autora reconoce que su perspectiva está condicionada por la edad con la que vivió aquellos años, pero insiste en que esa mirada también aporta una forma distinta de acercarse al tema. No desde el ensayo ni desde la crónica política, sino desde la ficción y la experiencia personal de los personajes.
El elemento sobrenatural
La investigación criminal se ve atravesada por sucesos inquietantes: ovejas descuartizadas, lobos que caminan a dos patas y hechos que llevan incluso al forense a plantearse antiguas leyendas. Este componente sobrenatural conecta La última princesa con la tradición oral y con un imaginario muy arraigado en determinadas zonas de Euskadi.
Las comparaciones con Dolores Redondo y su trilogía del Baztán surgen de forma inevitable. Leceaga las recibe como “un honor absoluto” y reconoce la influencia de esas novelas, aunque recuerda que el toque sobrenatural ya estaba presente en sus obras anteriores, más cercanas al realismo mágico.
Un estilo que viene de otro género
Quienes se acercan a La última princesa desde la novela negra encuentran un thriller adictivo, pero también una escritura que Sergio Vera describre como inusualmente “dulce” para el género. La autora vincula esa sensación a su trayectoria previa y a una concepción muy clara del oficio: “da igual el género en el que estés escribiendo, le debes al lector una historia buena, redonda”.
Leceaga admite sentir presión, no tanto por el éxito editorial, sino por estar a la altura de las expectativas de los lectores. “La presión de darle a los lectores la historia que merecen”, resume.
¿Habrá más historias de Nora Cortázar?
La acogida del personaje ha despertado una pregunta recurrente entre los lectores: si habrá nuevas novelas protagonizadas por Nora. La autora no cierra la puerta a una continuidad y reconoce que le ha tomado “muchísimo cariño” al personaje. Sin embargo, deja la decisión en manos del interés del público.

Paco Auñón
Director y presentador del programa Hoy por Hoy Cuenca. Periodista y locutor conquense que ha desarrollado...




