La dura vida de nuestras abuelas
La firma de opinión de la profesora Elisabeth Porrero

Firma de opinión | La dura vida de nuestras abuelas
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Ciudad Real
Nuestras abuelas estaban condenadas y obligadas a ser amas de casa. Eran muy pocas las que escapaban de ese destino. Pero pensemos cómo realizaban esa labor que hace, por ejemplo, unos cien años era bastante más ardua que ahora. Recordemos también que debían realizarla sin ninguna ayuda de sus maridos, por regla general.
Ellas debían fregar los suelos de rodillas o ir al río para lavar sus ropas, las de sus maridos, las de su prole y las del hogar. Conviene recordar que la fregona se patentó en la década de los 60. En esa misma década, las primeras lavadoras automáticas se comercializaron en nuestro país, con lo cual hasta entonces debían invertir bastante tiempo y poner en juego su salud para conseguir que los suelos quedasen relucientes y las coladas quedaran limpias. Por supuesto también debían ingeniárselas para secar bien la ropa.
A partir de los 70 se introdujeron en España los lavavajillas, que facilitaron la ardua labor de desinfectar el menaje usado. Y un poco más tarde, en la década de los 80 pudimos adquirir microondas que nos permitieron calentar rápidamente los alimentos, descongelarlos e incluso cocinar. Por supuesto no se vendía comida ya preparada. Las que pudieron conocer estos avances debieron recibirlos atónitas y gratamente sorprendidas, después de haber sufrido, durante tanto tiempo, sin ellos.
Hasta la aparición de todos esos electrodomésticos tan comunes ahora y sin que los jóvenes ya no se imaginan una cocina, las labores del hogar de nuestras amas de casa debían resultar verdaderamente agotadoras. A ello hay que sumar el hecho de que para afrontar sus periodos mensuales no dispusieron de compresas ni otros artilugios como estos hasta el siglo XX, lo cual convertía la menstruación en un periodo de sus vidas bastante desagradable.
También, a la realización de esas tareas debían sumar el cuidado de sus mayores o familiares enfermos que, claro está, a ellas correspondían.
Bien merecen este recordatorio, porque gracias a su duro trabajo y continuos esfuerzos las personas de su alrededor estuvieron cuidadas.




