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El Kiele Socuéllamos desciende tras siete años en la élite: crónica de una temporada que se torció

El conjunto manchego ha consumado su descenso a Superliga 2 después de siete temporadas consecutivas en la máxima categoría del voleibol español.

Kiele Socuéllamos

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Se cierra así una de las etapas más relevantes de la historia reciente del deporte socuellamino, marcada por el crecimiento del club, su consolidación en la élite e incluso sus noches europeas.

La fase regular de la Superliga Femenina de Voleibol ha bajado el telón y, mientras otros equipos pelean ya por el título en los playoffs, en Socuéllamos toca mirar hacia dentro y analizar una campaña en la que la ambición inicial acabó chocando con una realidad mucho más dura.

Un proyecto construido para mirar arriba

La temporada arrancó en septiembre con un mensaje claro: el Kiele quería volver a Europa. El club había confeccionado la plantilla más costosa de su historia, con cuatro renovaciones y ocho fichajes, y la campaña de socios no escondía el objetivo. El discurso era el de un equipo llamado a recuperar protagonismo en la zona noble de la clasificación.

La pretemporada dejó sensaciones positivas, pero la liga pronto recordó su exigencia. El equipo tardó en arrancar y no encontró su primera victoria hasta la cuarta jornada, cuando se impuso por 1-3 al Sayre. Aquel triunfo parecía el punto de partida de la reacción.

Y, durante unas semanas, lo fue. El Kiele encadenó dos convincentes victorias en casa, ambas por 3-0, ante Emevé de Lugo y Olímpico de Gran Canaria. El Polideportivo Gran Gaby volvió a creer y el equipo llegó a situarse quinto en la jornada 8. Europa dejaba de parecer un deseo para convertirse en una posibilidad real.

La salida de Chema Rodríguez cambió el guion

Pero la temporada empezó a resquebrajarse poco después. Tras una racha negativa, en la jornada 11 Chema Rodríguez cerró su etapa al frente del equipo. No fue una salida cualquiera. Se marchaba el entrenador que había acompañado al Kiele en sus años más brillantes, el técnico que había guiado al club durante ocho temporadas y que había firmado hitos como el ascenso a Superliga, la conquista de la Copa Princesa de Asturias y la histórica presencia en competición europea.

Su adiós tuvo un peso deportivo y también emocional. El Kiele perdía a la figura que había dado forma a su identidad competitiva. Y, desde ese momento, el equipo se vio obligado a aprender a sobrevivir sin el técnico que había liderado su transformación.

Un relevo sin efecto

Diego Toala y Pablo Alarcón asumieron de manera interina el banquillo y lograron una victoria en la jornada 12 que invitó a pensar en una reacción. Poco después aterrizó el venezolano Iván Nieto, fichado para reconducir una dinámica que ya empezaba a ser preocupante.

Sin embargo, el relevo no ofreció el resultado esperado. La adaptación de Nieto al voleibol europeo no fue sencilla y el equipo perdió consistencia con el paso de las jornadas. Bajo su dirección, el Kiele solo pudo sumar seis puntos: una victoria en Melilla, un triunfo en el tie break ante Sayre y una derrota en casa frente al colista FEEL Alcobendas que, al menos, permitió rescatar un punto.

La situación llegó a tal extremo que el propio técnico pidió salir del club a falta de dos jornadas, con el equipo ya instalado en posiciones de descenso. Más que una solución, el cambio en el banquillo terminó siendo otro síntoma de una temporada sin estabilidad.

La permanencia se escapó en el último capítulo

En el tramo final, Toala y Alarcón volvieron a hacerse cargo del equipo. En ese cierre agónico, el Kiele fue capaz de sumar un punto de mérito frente al Cajasol Vóley Dos Hermanas, vigente campeón de la Copa de la Reina, y mantuvo viva la esperanza hasta la última jornada.

Pero ya no dependía de sí mismo. Necesitaba ganar y esperar un tropiezo del Emevé ante el FEEL Alcobendas. Ninguna de las dos cosas ocurrió. Las gallegas resolvieron su partido con un claro 0-3, mientras el Kiele cayó también por 0-3 frente al Haro Rioja Vóley. El descenso quedaba sellado.

Las claves de una caída

La clasificación final no puede explicarse solo desde los números, aunque estos también son elocuentes. El Kiele ha pagado durante toda la temporada una alarmante irregularidad, desconexiones difíciles de entender y una fragilidad competitiva que apareció justo cuando más falta hacía resistir.

El último partido resumió bien ese problema. Ante Haro, el equipo dominaba el primer set por 21-13 y terminó perdiéndolo 23-25. No fue una excepción, sino una constante del curso: ventajas que no se cerraban, momentos favorables que se escapaban y partidos que cambiaban de dirección en cuestión de minutos.

También se ha notado la ausencia de una figura capaz de asumir el liderazgo en los momentos críticos. En una temporada marcada por la presión, al Kiele le faltó una jugadora que ordenara, sostuviera y tirara del grupo en los finales apretados.

El dato de los tie break es, en ese sentido, revelador. El conjunto socuellamino disputó siete y solo ganó uno. Perdió seis. En una liga tan igualada, esa estadística pesa como una losa. De haber convertido parte de esos desenlaces en victorias, el desenlace habría sido muy diferente.

Y todo ello en una Superliga especialmente exigente. La igualdad ha sido máxima hasta el final y el dato lo refleja de manera contundente: nunca, en los 29 años de vigencia de este formato, un equipo había descendido con 23 puntos. El Kiele cayó con una puntuación que en otras temporadas habría bastado para asegurar la permanencia.

Un final amargo y un futuro abierto

El descenso obliga ahora al club a abrir una etapa de reflexión. Sobre el papel, el Kiele Socuéllamos deberá competir la próxima temporada en Superliga 2. Aun así, la entidad podría explorar alguna opción en los despachos si se generara una vacante en la máxima categoría.

Más allá de lo administrativo, el gran reto será reconstruir. Reconstruir un proyecto, redefinir una idea deportiva y volver a levantar a una afición que ha acompañado al equipo en uno de los ciclos más importantes de su historia.

Porque el descenso pone fin a siete años en la élite, pero no borra lo conseguido. El Kiele Socuéllamos ha sido durante este tiempo uno de los nombres propios del voleibol femenino español. Ahora le toca afrontar su golpe más duro. Y demostrar, una vez más, de qué está hecho.

 

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