Ni la linde que se acaba
En Toledo nuestro campechano alcalde se ha sacado de la manga la genial idea de meter la excavadora en el Valle para colocarnos un auditorio con vistas que nadie ha pedido y que, según el día, se va a construir o no

La mirada de Toledo: Ni la linde que se acaba
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Toledo
Yo no sé que les ha dado a los alcaldes peperos de la provincia con los árboles, las riberas y los espacios naturales que se han empeñado en borrarlos de sus ciudades a base de talas, auditorios, farolas, hoteles y cualquier cosa que nos haga olvidar que el bosque, el río o el canto de los pájaros también es ciudad.
No sé de dónde habrán sacado esta obsesión arboricida tan en boga; quizá el asunto se cuece entre patrióticos y simpáticos chascarrillos en un grupo de guasap de prebostes y mentesclaras del pp en el que se intercambian las ocurrencias con las que nos van a deslumbrar y regalar titulares. O no, que siempre pensamos lo peor, igual la cosa tiene que ver con una estrategia sanitaria para acabar de raíz con la alergia primaveral que ya nos amenaza: si no hay árboles ni flores ni nada verde que florezca; no hay polen y eso tiene poca discusión y no hay ecologista, jipi o progre que lo niegue. Lo que está claro es que la tala y el cemento en el bosque ya es tendencia, una especie de moda -ojalá que pasajera- que se extiende entre alcaldes peperos con afán compulsivo de notoriedad casi siempre asociados, qué casualidad, con concejales de Vox aún más casposilos que ellos.
En Toledo nuestro campechano alcalde se ha sacado de la manga la genial idea de meter la excavadora en el Valle para colocarnos un auditorio con vistas que nadie ha pedido y que, según el día, se va a construir o no. Depende, supongo, de la ocurrencia y el postureo del momento.
Pero es que, a pocos kilómetros de este presunto tablao con luces, en el barrio de La Cava, a la orilla del mismo Río Tajo que dicen defender, el alcalde toledano y su ocurrente equipo le han puesto alfombra roja a la construcción de un hotel, otro más, que salpicará de estrafalarios cubos de hormigón una ribera que debiera ser, casi, casi, un santuario de aves, vegetación y no otro bulevar concurrido de turistas.
La tontuna desmochadora de cortar y talar sin hartura ni justificación ha llegado también a Talavera. Allí, los preclaros ediles, también del PPVOX, han decidido que en el paraje de la Isla de los Molinos de Arriba había demasiados árboles y más de 30 especies de aves que los usaban para nidos, refugio y alimentación y esas cosas molestas de pájaros cansinos, ya saben. La zona es (era) casi el único vestigio de arboleda ribereña de la ciudad y se había usado como espacio de aula ambiental para los colegios talaveranos y para anillamiento de aves desde hace más de 20 años. Se ve, que también les molestaba.
Se me ocurre que podíamos promover algo así como el premio Atila para el alcalde o alcaldesa que más verde borre en su mandato de nuestros ya maltrechos y áridos municipios. Pero un premio en serio, con diploma firmado, placa hortera de metacrilato y dotación económica suficiente para regalarle a los ediles una experiencia climática en un paraje desértico donde disfrutar en vivo el legado que se están empeñando en dejarnos.
A este paso, no van a dejar en pie ni la linde que se acaba para que el tonto siga.

Javier Mateo
Educador social y exconcejal del Ayuntamiento de Toledo.




