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Una profesora de Cuenca sale de Baréin tras días de explosiones y miedo

Fátima González relata cómo vivió los ataques y las dificultades que encontraron para salir del Golfo Pérsico

“Dormíamos en el suelo”:  una profesora de Cuenca relata su salida del Golfo Pérsico

“Dormíamos en el suelo”: una profesora de Cuenca relata su salida del Golfo Pérsico

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Cuenca

La escalada militar en Oriente Medio sorprendió a miles de extranjeros que vivían y trabajaban en la región del Golfo Pérsico. Entre ellos, la conquense Fátima González Gómez, profesora de español de 44 años, que llevaba tres años instalada en Baréin junto a su marido y su hija.

Lo que comenzó como un fin de semana de incertidumbre tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán derivó en una situación de miedo constante cuando los misiles alcanzaron bases norteamericanas en el archipiélago. Tras varios días de explosiones, noches sin dormir y un espacio aéreo colapsado, la familia logró salir por carretera hacia Arabia Saudí.

Su regreso a España, el pasado 13 de marzo, puso fin a una experiencia marcada por el miedo, la incertidumbre y la improvisación en medio de un conflicto que, hasta entonces, sentían lejano.

Una vida asentada en el Golfo

Fátima González llegó a Baréin junto a su marido tras recibir una oferta laboral dentro de un grupo de colegios internacionales. “Fue una oferta que nos hicieron a mi marido y a mí, el grupo de colegios donde trabajamos”, explica. Él, director del centro y especialista en Ciencias del Deporte; ella, profesora de Lengua Española, formaban parte de un proyecto educativo vinculado al bachillerato internacional.

Durante tres años, su vida en la isla transcurrió con normalidad. “En Baréin se vive muy bien”, resume. Describe el país como un lugar seguro, especialmente para familias con niños, y destaca el carácter de la población local: “La gente es muy amable, muy abierta y muy cercana”.

Su rutina diaria no difería demasiado de la española: jornadas laborales largas, actividades extraescolares para su hija y algo de tiempo para el deporte. “Más o menos como aquí en España, no hay mucha diferencia”, asegura.

Vista de una columna de humo en Baréin.

Vista de una columna de humo en Baréin.

De la incertidumbre al miedo

La percepción de seguridad comenzó a resquebrajarse a finales de febrero. Aunque ya habían vivido un episodio previo de tensión el verano pasado, cuando sonaron alarmas por un ataque en Qatar, la situación esta vez fue distinta.

“Pensábamos que iba a ser un poco así”, recuerda sobre aquel susto anterior. Sin embargo, la intensidad de los nuevos ataques cambió rápidamente el escenario. “Después de dos o tres días y ver la intensidad… los primeros días fueron horribles”.

Desde su casa podían escuchar y ver las explosiones. “Veíamos y escuchábamos muchísimo… no sabes si ha caído algo o son interceptaciones”, relata. La incertidumbre y el ruido constante marcaron esas jornadas. “No estábamos acostumbrados a nada de eso”.

Las noches se convirtieron en el momento más duro. “Dormíamos en el suelo del pasillo”, explica, buscando alejarse de ventanas y cristales. “Por la noche no paraban los bombardeos”.

La normalización del peligro

Con el paso de los días, el miedo inicial dio paso a una cierta adaptación. “El cerebro se acostumbra y casi lo normalizas”, afirma. En ese proceso influyó también el entorno: vecinos procedentes de países como Siria o Líbano, más habituados a este tipo de situaciones.

“Para ellos lo tienen muy normalizado”, señala. Esa convivencia ayudó a rebajar parcialmente la tensión, aunque el contexto seguía siendo incierto. “Todo el mundo estaba muy asustado”, reconoce, tanto la población local como la internacional.

Baréin, con una importante comunidad extranjera, vivía una situación de confusión generalizada. “No sabíamos la magnitud de lo que estaba pasando ni lo que iba a pasar los próximos días”.

La decisión de marcharse

El punto de inflexión llegó tras casi una semana de ataques continuos. “Decidimos salir sobre el quinto o sexto día”, explica. La persistencia de las explosiones y la información que llegaba a través de los medios evidenciaban que la situación no mejoraba.

Salir del país no era sencillo. El espacio aéreo permanecía cerrado y la única alternativa era cruzar por carretera hacia Arabia Saudí a través de un puente estratégico. “No era muy seguro… los puentes suelen ser objetivo en estas situaciones”, explica.

Durante días, la familia optó por esperar una posible reapertura aérea. Pero finalmente, la intervención del cónsul honorario permitió organizar la evacuación.

Una salida contrarreloj

El 10 de marzo, Fátima y su familia abandonaron Baréin junto a otra familia española. “Nos mandaron un chófer, un coche para nosotros”, relata. La salida se planificó atendiendo a las condiciones de seguridad del momento.

El cruce del puente fue uno de los momentos más tensos. “Estaba bastante nerviosa… hasta que no llegas al otro lado no respiras”, admite. Aun así, el trayecto fue relativamente rápido: “El puente se cruza enseguida”.

Tras abandonar la isla, comenzó otra fase complicada: encontrar un vuelo de regreso. La saturación en los aeropuertos de la región dificultó la salida. “Había muchísimas cancelaciones, overbookings… a nosotros nos cancelaron dos vuelos”.

El regreso a España

Finalmente, tras varios intentos fallidos, lograron volar a través de Turquía y aterrizar en Madrid el 13 de marzo. “Fue lo que conseguimos después de dos cancelaciones”, explica. Su primera parada no fue la capital, sino Cuenca. “Mi madre estaba que le iba a dar un ataque… lo primero que hice fue ir a darle un abrazo”, cuenta.

El regreso supuso también el final de días sin descanso. “Lo peor era que en esos diez días era muy difícil descansar”, recuerda sobre las noches en Baréin.

La situación actual y la mirada al futuro

Desde España, Fátima mantiene el contacto con compañeros y alumnos que permanecen en el país. Según relata, la situación parece haberse calmado ligeramente en los últimos días. “Llevan dos noches pudiendo dormir”, afirma, aunque las alertas continúan.

A pesar de la experiencia, no descarta regresar si las condiciones lo permiten. “Si la situación mejora, volvemos”, asegura. Su intención sería cerrar la etapa y despedirse de la comunidad educativa. “Para despedirnos de la gente tan maravillosa que hemos dejado atrás”.

La experiencia no ha cambiado completamente su visión sobre trabajar en el extranjero, aunque introduce matices. “Es muy difícil garantizar que haya un sitio completamente seguro”, reflexiona. Hasta ahora, Baréin era percibido como un destino estable: “No tenía ningún tipo de riesgo… hasta que ha llegado esta situación”.

Paco Auñón

Paco Auñón

Director y presentador del programa Hoy por Hoy Cuenca. Periodista y locutor conquense que ha desarrollado...

 

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