El silencio de las piedras

La mirada de Toledo: El silencio de las piedras
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Toledo
El pasado sábado, el silencio en Escalona fue roto por un estruendo que nos dolió a todos. Siete siglos de historia se vinieron abajo. La torre albarrana de su castillo, esa que vigiló el Alberche desde el siglo XIV, no pudo resistir el peso del olvido institucional. Es la imagen desoladora de un patrimonio que, cuando cae, no pide permiso ni da segundas oportunidades.
Tras el impacto emocional, conviene mirar de frente la realidad técnica. Y aquí no es justo señalar únicamente al Ayuntamiento en una batalla desigual de David contra Goliat. No es solo una cuestión de voluntad: es una cuestión de competencias concurrentes. El consistorio ha asumido un esfuerzo inversor que excede sus atribuciones para salvar un Bien de Interés Cultural (BIC), mientras la administración autonómica y estatal se pierden en la burocracia de las subvenciones. La caída de la torre es el resultado de una infrafinanciación crónica en conservación preventiva. Sencillamente, los mecanismos de auxilio supramunicipal han llegado tarde. Y cuando un monumento entra en fase de colapso estructural, la responsabilidad técnica apunta directamente a quienes tienen la obligación legal de velar por su integridad a nivel regional.
En España pecamos de una miopía cultural grave: valoramos el monumento cuando es una foto en un folleto turístico, pero le damos la espalda cuando necesita una inversión urgente para seguir en pie. Si dejamos que nuestros municipios luchen solos por salvar sus castillos, heredaremos un paisaje de escombros. Lo de Escalona es un aviso urgente: o nos tomamos en serio la tutela efectiva de nuestro patrimonio, o seguiremos perdiendo identidad a pedazos. Porque una vez que la piedra toca el suelo, la historia ya no se puede reconstruir, solo lamentar.

Alexandra Jiménez
Abogada.




