Hoy por Hoy Toledo
Sociedad

Arquitectos con alas

Juan José Sanz Cid, Investigador Científico del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC)

Nómada del viento: Arquitectos con alas (31/03/2026)

Toledo (Toledo)

Los nidos de las aves europeas son pequeñas obras maestras de ingeniería natural, adaptadas a cada especie y a cada entorno. Aunque a menudo los vemos como simples estructuras para depositar huevos, en realidad cumplen funciones mucho más complejas y revelan comportamientos sorprendentes. La construcción del nido, por ejemplo, varía enormemente entre especies. En muchas aves paseriformes, como puede ser el mirlo común (Turdus merula), es la hembra quien asume casi toda la responsabilidad, seleccionando cuidadosamente el lugar y los materiales. En cambio, en especies como el chochín (Troglodytes troglodytes), el macho construye varios nidos preliminares para que la hembra elija el definitivo, un comportamiento que combina seducción, estrategia y protección. En aves de mayor tamaño, como la cigüeña blanca (Ciconia ciconia) o el águila real (Aquila chrysaetos), la construcción es un trabajo cooperativo que puede prolongarse durante semanas y cuyos resultados pueden durar décadas, ampliándose año tras año hasta alcanzar dimensiones impresionantes.

Los materiales empleados varían desde los elementos más clásicos —ramitas, hierbas, hojas, musgo o plumas— hasta recursos inesperados como lana, pelo de mamíferos o líquenes que ayudan a camuflar la estructura. Las golondrinas comunes (Hirundo rustica) y los aviones comunes (Delichon urbicum) moldean el barro con una precisión casi artesanal, creando cuencos adheridos a paredes y cornisas. Hay especies como el reyezuelo listado (Regulus ignicapilla), elaboran nidos tan compactos y acolchados que parecen auténticas miniaturas textiles.

Con la expansión de los entornos urbanos y agrícolas, muchas aves han empezado a incorporar materiales humanos como trozos de cuerda, hilos, papel o fibras sintéticas. Este fenómeno ha despertado el interés especialmente por el papel creciente del plástico. Las cigüeñas blancas, por ejemplo, son conocidas por incorporar este material, y en zonas agrícolas de España y Portugal se han encontrado nidos con hasta un 10% de materiales plásticos. En el norte de Europa, estudios sobre gaviotas urbanas, como la gaviota argéntea (Larus argentatus), han revelado que más del 80% de sus nidos contienen algún tipo de plástico. Estos materiales suponen riesgos evidentes, como enredos, ingestión accidental o debilitamiento estructural.

Más allá de su construcción, los nidos cumplen funciones esenciales para la supervivencia de las aves. No solo protegen los huevos y a los polluelos del clima y los depredadores, sino que también influyen en el éxito reproductivo. Un nido bien aislado reduce el gasto energético de los adultos durante la incubación y favorece un desarrollo más rápido de los polluelos. En algunas especies, como es el caso del pájaro moscón (Remiz pendulinus) que construye nidos colgantes en forma de bolsa, elaborados con fibras vegetales, lana, plumón y telarañas, el nido actúa incluso como señal de calidad: un macho capaz de construir una estructura sólida y bien camuflada puede resultar más atractivo para la hembra, lo que convierte al nido en una herramienta de selección sexual. En otras, como los córvidos —por ejemplo, la urraca común (Pica pica)—, los nidos reutilizados durante años se convierten en auténticos centros familiares que refuerzan la cohesión del grupo.

Sin embargo, los nidos también son escenarios donde se libra una batalla silenciosa: la de los parásitos. En Europa, uno de los casos más conocidos es el del cuco común (Cuculus canorus), que practica el parasitismo de puesta. La hembra deposita sus huevos en nidos de otras especies, como el carricero común (Acrocephalus scirpaceus), y deja que sean ellos quienes críen a su polluelo. Este comportamiento ha desencadenado una carrera evolutiva fascinante: las especies hospedadoras han desarrollado estrategias para reconocer y expulsar huevos ajenos, mientras que el cuco ha perfeccionado la imitación del color y tamaño de los huevos del anfitrión.

Muchos nidos albergan ácaros, pulgas o moscas hematófagas que pueden debilitar a los polluelos. Algunas aves, como los estorninos (Sturnus vulgaris), incorporan plantas aromáticas con propiedades antimicrobianas o repelentes, una especie de “botiquín natural” que reduce la carga parasitaria. Lo curioso es que los estorninos renuevan estas hojas con frecuencia, como si entendieran que su efecto disminuye con el tiempo. Los machos suelen añadir más plantas aromáticas cuando están intentando atraer a una hembra. Es decir, el “aroma” del nido funciona también como señal de calidad. Un nido que huele fuerte a plantas frescas puede indicar que el macho es hábil, está sano y es capaz de mantener un ambiente seguro para los futuros polluelos.

Otras limpian el nido con frecuencia o construyen estructuras secundarias para alejar los desechos. Esta estrategia es especialmente útil en especies que crían polluelos durante varias semanas, ya que la acumulación de restos orgánicos puede atraer depredadores o favorecer la proliferación de parásitos. Algunas aves, como los vencejos (Apus apus) o los aviones (Delichon urbicum), retiran activamente las heces de los polluelos, mientras que otras, como los carboneros comunes (Parus major), animan a los jóvenes a producir “sacos fecales”, pequeñas membranas que envuelven las heces y facilitan que los adultos las transporten lejos del nido. Este comportamiento reduce la carga parasitaria y mantiene un microambiente más saludable para el desarrollo de los polluelos.

La presencia de parásitos también ha influido en la evolución del comportamiento reproductivo. Algunas especies optan por nidos más abiertos y ventilados para evitar la acumulación de humedad, que favorece a los parásitos. Otras renuncian a reutilizar nidos antiguos, aunque estén en buen estado, para evitar infestaciones. Incluso se ha observado que ciertas aves ajustan el tamaño del nido según la temperatura ambiental: nidos más pequeños en climas cálidos reducen la proliferación de parásitos y evitan el sobrecalentamiento de los polluelos.

Como hemos visto, los nidos de las aves son mucho más que simples refugios. Son estructuras dinámicas, moldeadas por la selección natural, la disponibilidad de materiales y la interacción constante con el entorno. Revelan estrategias de supervivencia, creatividad en el uso de recursos y una sorprendente capacidad de adaptación a los cambios ambientales, incluidos los provocados por los humanos. Observar un nido es asomarse a una historia compleja donde se entrelazan arquitectura, comportamiento, ecología y evolución.

Paisaje sonoro

Hoy vamos a adentrarnos en una dehesa de los Montes de Toledo donde vamos a escuchar el canto de tres especies que acaban de llegar desde África: el arrullo de la tórtola europea (Streptopelia turtur) -que se entremezcla con el canto de la oropéndola europea (Oriolus oriolus)-, el cuco (Cuculus canorus) y la codorniz (Coturnix coturnix). La primera y la última son especies con graves problemas de conservación en nuestro país.