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Más vale huevo hoy que pollo mañana

Juan José Sanz Cid, Investigador Científico del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC)

Nómada del viento: Más vale huevo hoy que pollo mañana (07/04/2026)

Nómada del viento: Más vale huevo hoy que pollo mañana (07/04/2026)

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Toledo

En estos días, muchas especies de aves están comenzando la puesta de los huevos, un proceso que exige un enorme esfuerzo por parte de las hembras. En las aves pequeñas, cada huevo requiere reunir todos los nutrientes necesarios en apenas 24 horas, de modo que producir un huevo al día supone un gasto energético considerable. Este esfuerzo está además condicionado por una relación alométrica muy clara: cuanto mayor es el ave, mayor es el huevo que puede producir, aunque no de forma proporcional. Un ejemplo extremo es el del avestruz (Struthio camelus), cuyo huevo puede alcanzar un peso medio de alrededor de 1,4 kg. En el extremo opuesto se encuentra el colibrí abeja (Mellisuga helenae), que pone huevos diminutos de unos 0,36 g. Esta enorme variación refleja cómo la evolución ha ajustado el tamaño del huevo a las limitaciones fisiológicas y energéticas de cada especie.

El origen de esta diversidad se remonta a los reptiles y dinosaurios, los primeros vertebrados en desarrollar el huevo amniota, una estructura adaptada a la vida terrestre que permitió reproducirse sin depender del agua. Gracias a esta innovación, pudieron colonizar tierra firme sin necesidad de charcas o ríos como ocurre en los peces o anfibios. El huevo amniota cuenta con una cáscara calcárea protectora, membranas como el amnios y el corion, y un saco vitelino que nutre al embrión, creando un entorno seguro para su desarrollo fuera del agua.

Dentro del huevo, la yema actúa como la principal reserva de nutrientes. En ella se concentran los lípidos que aportan la mayor parte de la energía, las proteínas necesarias para formar tejidos y órganos, vitaminas liposolubles como A, D, E y K, fundamentales para el desarrollo celular, y minerales como hierro y fósforo, esenciales para el metabolismo. La yema está envuelta por el saco vitelino, que permite al embrión absorber estos nutrientes de manera continua durante todo su crecimiento. A su alrededor se encuentra la albúmina, o clara, una sustancia rica en agua y proteínas que amortigua golpes, mantiene un ambiente húmedo, actúa como barrera antimicrobiana y aporta aminoácidos esenciales en las primeras etapas del desarrollo. Además, facilita el intercambio gaseoso que se realiza por unos pequeños poros en la cáscara del huevo y evita que el embrión se adhiera al interior de la cáscara.

La formación del huevo es un proceso que dura alrededor de 24 horas y se desarrolla a lo largo del oviducto. Todo comienza en el ovario, donde se libera la yema. Esta pasa al infundíbulo, donde puede producirse la fecundación, y luego al magno, donde se añaden las capas de albúmina. En el istmo se forman las membranas internas, y más adelante, en la glándula de la cáscara o útero, se deposita la cáscara calcárea junto con los pigmentos que darán color al huevo. Esto último ocurre durante la noche ya que los huevos se suelen poner al amanecer al ser expulsados por la cloaca.

La pigmentación y la forma del huevo también aportan información valiosa sobre la especie que lo ha puesto. En la península ibérica, por ejemplo, los huevos del mirlo común (Turdus merula) suelen ser azulados con motas oscuras; los del chorlitejo patinegro (Charadrius alexandrinus) presentan tonos crema con manchas negras que los camuflan perfectamente en la arena; los del cernícalo vulgar (Falco tinnunculus) son más redondeados y de color marrón rojizo moteado; mientras que los del abejaruco europeo (Merops apiaster) son completamente blancos y de forma más esférica, ya que se desarrollan en galerías subterráneas donde el camuflaje no es necesario. Estos patrones de color y forma no solo ayudan a identificar la especie, sino que también reflejan adaptaciones ecológicas: camuflaje en nidos expuestos, refuerzo estructural en especies que incuban en cavidades o estrategias para evitar la depredación.

Por último, conviene recordar que un huevo no es un óvulo. El óvulo es únicamente la célula sexual femenina producida en el ovario, equivalente a la yema antes de ser liberada. El huevo completo, en cambio, es una estructura compleja diseñada para proteger y nutrir al embrión durante todo su desarrollo. Mientras el óvulo es solo el punto de partida, el huevo es la incubadora natural que la evolución ha perfeccionado durante millones de años.

Paisaje sonoro

Hoy vamos a acercarnos a cualquier río o laguna de Castilla´-La Mancha y escuchar a tres especies de aves acuáticas más abundantes: el ánade real o azulón (Anas platyrhynchos), la focha común (Fulica atra) y la gallineta común (Gallinula chloropus).

 

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