"¿Qué es lo que hay que tener para ver lo invisible? Quizá sea amor profundo por el mundo"
'Ecología y poetas', la firma de opinión del catedrático de la UCLM y director del Jardín Botánico de Castilla-La Mancha, Pablo Ferrandis

'Ecología y poetas', la firma de opinión de Pablo Ferrandis
El código iframe se ha copiado en el portapapeles
Albacete
Hace unos días asistí a una conferencia sobre la ecología en la poesía. Durante una hora aproximadamente se habló de referencias a procesos ecológicos en poemas de escritores universales. La naturaleza ha sido y es una fuente constante de inspiración poética, pues, aunque actualmente vivamos en una sociedad urbanita y altamente tecnificada, no dejamos de ser parte del inconmensurable milagro creativo que es. La poesía está plagada de referencias explícitas o simbólicas a plantas superiores y animales vertebrados, al tratarse de elementos definidos y visibles que forman parte de nuestro entorno. Rosas, azucenas, amapolas, encinas, olmos, golondrinas, gorriones, … han sido protagonistas de los versos a lo largo de la historia.
Sin embargo, la naturaleza abarca mucho más que los organismos macroscópicos, nítidos, que participan en ella y con los que convivimos a diario. En la Tierra existen muchísimos grupos biológicos (bacterias, hongos, líquenes, briófitos, cientos de tipos de animales invertebrados…) que pasan desapercibidos y que se organizan, además, a través de complejos mecanismos y procesos, la mayoría imperceptibles, al desarrollarse en una escala espacial o temporal diferente a la nuestra. La selección natural que postularon Darwin y Wallace, la dinámica de las poblaciones de organismos, así como de las comunidades que en su conjunto forman, la red de interacciones que acontecen en su seno, los flujos de energía en los ecosistemas o las respuestas biológicas a los cambios ambientales, por citar algunos ejemplos, ocupan espacios y periodos que escapan, por minúsculos o inmensos, a nuestra percepción instantánea. La ecología es la ciencia que estudia todo esto, es decir, el funcionamiento de la naturaleza.
Es por este motivo, por la intangibilidad de los procesos que organizan e impulsan la naturaleza, que las alusiones poéticas a la ecología son escasas. Sin embargo, la sensibilidad de los poetas, en ocasiones visionaria, es capaz de percibir los silenciosos mecanismos por los que se articulan los seres vivos y fluye la vida. Es posible que muchas veces lo hagan de forma inconsciente, pero su intuición los lleva a vislumbrar lo que a los demás se nos escapa. De esta forma, Juan Ramón Jiménez celebró la diversidad biológica, sin ser consciente del término, en esa algarabía luminosa que es su obra “Platero y yo”; Gabriela Mistral nos habló del húmedo nicho ecológico en el que, por imperativo evolutivo, viven los helechos; Antonio Machado acertó a vislumbrar la estrategia adaptativa de la esclerofilia, materializada en la dura hoja de la encina, también a relatarnos las interacciones bióticas que acontecen en el tronco de un olmo viejo, hendido por el rayo, o a lamentar la sustitución de los encinares por paisajes regresivos de pinares que los humanos hemos inducido en los anchos “Campos de Castilla”; Miguel Hernández cantó al amplio espectro ecológico de los gorriones, como si se tratara de chiquillos audaces que a todos los rincones alcanzan, y a la interrupción del letargo fisiológico en la semilla de la amapola llegado el momento oportuno para germinar; Alfonsina Storni supo del discreto heroísmo de las golondrinas viajeras en busca de la migaja de pan; Rosalía de Castro, sin saberlo del todo, en su eterno canto a la naturaleza, vino a definir el banco de semillas, esa reserva oculta en el suelo de la que renace la vegetación, y a testimoniar la emisión de compuestos volátiles vegetales por los que, silenciosos en el aire, se comunican las plantas; Fernando Pessoa, por voz de su heterónimo Alberto Caeiro, nos dijo del ciclo de nutrientes entre la materia orgánica e inorgánica, merced a la concurrencia de los organismos descomponedores; Garcilaso de la Vega se refirió a nuestra conexión instintiva con la naturaleza, la biofilia, y a su poder sanador; el poeta Gary Snyder nos advirtió sobre el antropoceno y las cicatrices que en la escala geológica estamos dejando sobre la piel de la Tierra; y Lorca, con su sensibilidad e intuición sobrehumanas, definió el ecosistema y la ecología antes incluso de que lo hicieran los propios ecólogos. En fin, “Ecología / ciencia difusa / brillas confusa / si es poesía. / Algarabía, / ¡oh, luz intrusa!, / el que la usa / da al alma mía”.
¿Qué es lo que hay que tener para ver lo invisible? Quizá sea amor profundo por el mundo.
Atentamente les saluda, Pablo de Passo.
El código iframe se ha copiado en el portapapeles
Hoy por Hoy Matinal Albacete 08:20 horas (10/04/2026)

Pablo Ferrandis
Pablo Ferrandis Gotor (Albacete, 1966) es Catedrático en la Universidad de Castilla-La Mancha. Licenciado...




