La Virgen que habló sin hablar
De la leyenda y coplas de Nuestra Señora de los Remedios de Villada
Imagen de la Virgen en Villada (Palencia) / Cadena ser
Palencia
Francisco Calvo Manzanares
El 23 de abril Villada celebra la festividad mariana de la Virgen de los Remedios. La talla preside el altar mayor de la iglesia de san Fructuoso y a ella está dedicado el camarín de dicha iglesia, una joya barroca de valor incalculable que es, en gran parte, responsable del título de Conjunto histórico-artístico que la iglesia ostenta desde 1983.
La talla, también barroca, es de reducidas dimensiones y, hasta su restauración, estaba vestida. A partir de entonces, su gran ajuar quedó inutilizado. La cofradía de la Virgen de los Remedios hace décadas que dejó de funcionar y con ella se perdieron los festejos a la Virgen que, además de novena por su festividad el 23 de abril, gozaba de funciones religiosas el mes de octubre.
Conservamos su himno, reflejo del sentir del pueblo villadino hacia la virgen:
¡Oh Virgen de los Remedios como a patrona amada!
Te aclaman en tierra y cielo los hijos de Villada
Puesto que eres poderosa y también medianera
Concédenos amorosa una paz duradera
También queda una maravillosa y rica leyenda sobre la llegada de la Virgen al pueblo:
“Llevaban semanas fuera de sus casas. Eran montañeses de Liébana, León o quizá Palencia, que viajaban hasta la Tierra de Campos con el propósito de hacer sus negocios. Estos viajes en pesadas carretas se prolongaban en el tiempo obligando a hacer reiterados altos en el camino.
Un grupo de ellos llegó un día al atardecer a Villada y decidió pasar la noche en el lugar.
Se asentaron en una pradera aledaña a la Iglesia de san Fructuoso. Liberaron los animales de tiro, extendieron las mantas y cenaron. Antes de acostarse tenían costumbre de rezar, cuan piadosos hombres que vivían en peligro constante de ser atacados en los inseguros caminos. Llevaban consigo la talla de una Virgen a la que se encomendaban.
A la mañana siguiente se dispusieron a proseguir en su viaje. Prepararon sus cosas y cuando todo estaba listo se percataron de que los animales no podían tirar de la carreta, que parecía anclada en el suelo. Pidieron auxilio a los vecinos del pueblo e intentaron numerosas soluciones: cambiaron los animales, excavaron el terreno, quitaron peso…, pero ninguna surtía efecto. Así pasaba el día ante el asombro de los presentes que no daban crédito a lo que sus ojos vislumbraban. Fue en esos momentos cuando el cielo azul tornó en negras nubes y avistando la tormenta refugiaron la imagen de la Virgen en el pórtico de la iglesia de san Fructuoso con el fin de protegerla.
Amaneció un nuevo día y temerosos de que se repitieran los hechos del día precedente se dirigieron al carro. Lo que no esperaban era que, sin prácticamente esfuerzo, el carro echase a rodar. Lo llevaron hacia el camino y fueron a por la Virgen al pórtico de la iglesia. Fue imposible sacar la talla de la iglesia, no podían con ella. Villadinos y montañeses terminaron rindiéndose tras innumerables intentos fallidos. La Virgen quería quedarse y no había fuerza humana capaz de impedirlo.
Las autoridades decidieron comprar la Virgen a los montañeses y en su honor construir una capilla tras el altar: el camarín de la Virgen de los Remedios, la Virgen que habló sin hablar”.
Por último, una copla de la jota del señor Fructuoso Verano que también hace referencia al camarín y a su Virgen:
Si vamos a san Fructuoso en el camarín veremos
A una señora que llaman la Virgen de los Remedios
La devoción que el pueblo tuvo a dicha advocación hoy está perdida, aún quedan recuerdos que permiten que la pérdida no sea absoluta. Aún así, queda su leyenda. Una historia que forma parte del amplio conjunto de leyendas palentinas que debemos conservar, conocer y difundir.