Querer

La columna de Rafa Gallego: Querer (02/01/2026)
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León
Para empezar el dos mil veintiséis me pido el verbo “querer” como si estuviésemos jugando al mus. Me pido un “quiero el envite a grande” ya que el día a día nos empuja y nos compromete tanto, nos estira exigiendo respuesta inmediata, atención exclusiva a una tarea y otra y otra y otra. Una rueda parece que sin fin como la carrera de un hámster en su carrusel. Y ya es enero de dos mil veintiséis y me pido el verbo “querer” para no verme bamboleado en la circunstancia en la que vivo, para ganarme el derecho a elegir mi inacción y no estar siempre sujeto a la inercia de lo que me pasa.
Este querer del que te hablo es un querer en muchos sentidos: diez acepciones vienen en el diccionario. Quizá la primera y principal sea desear o apetecer: querer que todo el mundo sea paciente y se avenga a una solución consensuada para un conflicto. Pongamos por caso un problema con la lotería. Desear, apetecer, pero también pretender, intentar o procurar que es un modo menos firme de abordar el problema o, si lo prefieres, resolver, determinar. Aunque veo aquí mayor dificultad.
La segunda forma de entender el verbo es más polémica: amar, tener cariño, voluntad o inclinación a alguien o algo. Aquí “querer” tiene vuelta, porque se habla en ocasiones de “querer de verdad”, imagino que frente a un querer que no tenga tal veracidad. Querer porque sí o querer para poseer. Querer por costumbre o por arrebato. Creer querer o querer con sinceridad. Querer es un verbo conflictivo: cuando quieres de verdad es para toda la vida y en todas las circunstancias. La cosa está en identificar ese “querer de verdad” que va más allá de la honestidad o de la fidelidad o de la lealtad o de cualquier otra condición que te liga a otra persona. Porque estamos hablando de personas que se quieren, claro. De padres e hijos, por ejemplo. Órdago a pares. Quiero. Sí, quiero, habría que decir. No llegamos al juego.
Y querer, lo que se dice querer, parece que la mayoría quiere que todo se arregle por las buenas, pero hay quienes quieren, de verdad, todo su dinero. Un dinero que quizá no sea suyo, porque, al lado del querer, está el tener y puede que el poseer. Quien quiere, ¿puede? ¿tiene? ¿posee? Me parece que el dinero está por los décimos y no por las participaciones.




