Pablo García Casado, un arsenal de voces cargadas de presente
Nuestro hurón literario, Oli, merodea el último poemario del cordobés Pablo García Casado, ‘Cada uno es mucha gente’, una colección de estampas cotidianas que contiene multitudes

Pablo García Casado

Ponferrada
Se dice que la poesía es la más refinada expresión del yo, el desahogo de lo profundamente personal quebusca correspondencia en la intimidad del lector a través de ese espejo que es la página, espacio de transustanciación de lo individual en colectivo. Y bien dicho está, aunque no todo el monte (poético) es orgasmo egomaníaco o anecdotario íntimo, habiendo quienes pulen su azogue lírico inventando e inventariando voces ajenas como quien azuza una colmena para que reviente, de lo general a lo particular, en la experiencia del lector. Y ahí, Pablo García Casado es zángano, abeja reina y estirpe obrera. Todo el campo ya.
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Pablo García Casado, un arsenal de voces cargado de presente
Sus soldados son flores con maneras de prosa breve de entre una y tres páginas a modo de costumbrismo contemporáneo calibrado con una cuidada tensión y un esmerilado sentido (en lo particular de cada pieza y en lo general del libro) que trasciende lo anecdótico para calar en lo verdaderamente humano: lo social. Yo son otros, de ahí el título, Cada uno es mucha gente, pues este libro es la escucha de un patio de vecinos, un arsenal de voces cargadas de presente: cristalografía de toses en la hornacina del cráneo.
Lo popular tiene peso -y deja poso- en esta escritura, desde su forma a su fondo, empezando por ese estilo sencillo que apela a cierta oralidad hasta referencias musicales, el cine o la metáfora futbolística. Ahí caben el amor en los tiempos del Tinder y las ventanas de incógnito, el feminismo y la masculinidad, el acoso escolar, la Covid, el IRPF, la vivienda, los supermercados, el barrio y lo folclórico como memoria colectiva (portentosa esa elegía a Rocío Jurado). Lo identitario, lo político, las siempre ambivalentes e inevitables relaciones familiares o el dichoso trabajo con su juego sucio y su chantaje deportivo, el malestar de esta cultura: no es una ambigua sensación de angustia, se llama dinero, parafraseando un texto de otro libro suyo. Cualquiera de ellos merece la pena, atrévanse; obvien, los más escépticos, si es o no poesía.
Hay quien cuenta que este poemario, sexto del autor, sería un mapa a escala de toda su obra, manteniendo su acostumbrada coherencia estética y una continuidad en el tono y la desubjetivación: así su contención estilística, lo elíptico o lo sugerido y esas frases de último minuto, epifonemas, como goles sobre el descuento que resuelven y amplifican lo escrito. El libro termina plegándose sobre sí mismo con un poema a los lectores porque, dice el autor, sin ustedes, no habría poemas. Escribir para la gente, con oficio, con talento, sin condescendencia de petimetre. Esta música es para vosotros, yo, tú mismo, anónimas mujeres y hombres, cadenas infinitas de ácidos nucleicos.
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