Harakiri

Juan Miguel Alonso

León
Llegaron los Reyes Magos a Caracas disfrazados de Delta Force y a lomos de helicópteros surrealistas en una cabalgata nocturna y distópica sacada de Apocalipsis Now. El olor del napal por las mañanas siempre fue un afrodisiaco insuperable para el Tío Sam, incluso para este retarder zanahorio que presume de llamarse a sí mismo de un modo tan nuestro como Donaldo, el Apalpacoños.
Las extracciones siempre son dolorosas, incluso las que no implican piezas dentarias.
Sorprende por ello los orgasmos y chirimías con que se ha recibido el evento entre los defensores de la democracia a través del fuego y la bota. Cabría esperar que en breve ese apostolado democratizador a través de la VI flota llegue am qué les voy a decir yo, Arabia Saudí, China, Rusia, Corea , Egipto, Qatar y tanto otros lugares donde no llegó nunca ni se le espera el milagro de las urnas y los derechos.
Con todo, lo peor no es el desguace del derecho internacional ni la voladura del derecho a secas como base de un estado y una sociedad civilizadas, lo peor es el ejemplo letal que estas hecatombes tienen para el universo mundo. Qué vamos a pedir a nuestros gobiernos, a nuestros poderosos, a nuestros jóvenes, si el modelo es el del matón furioso que impone su voluntad por la fuerza argumentativa de sus cojones y sus negocios corruptos. Respóndanse ustedes mismos, amables oyentes. Tengo una confianza ciega en su inteligencia.
Claro que, a la vista del panorama que las encuestas dibujan en España y Europa, con un despegue espacial de los apóstoles de Trump en este lado del charco, parece evidente que el Evangelio del harakiri colectivo ha germinado con fuerza y que el panorama ya está maduro para la tragedia.




