La migración estacional de líderes nacionales en Castilla y León
Las Claves de Pedro Brouilhet, párroco solidario del barrio de San Antonio y Grijota (Palencia)
La migración estacional de líderes nacionales en Castilla y León
Palencia
Cada vez que se acercan elecciones en Castilla y León, ocurre un fenómeno natural digno de estudio: la migración estacional de líderes nacionales. Aparecen de repente, como las grullas o las alergias primaverales, con la diferencia de que traen discursos plastificados, chaquetas informales recién estrenadas y una repentina pasión por los problemas “del territorio”.
Durante unos días, pueblos que no salían en el mapa ni para el tiempo se convierten en epicentro de la política nacional. Se inauguran rotondas con vocación filosófica, se visitan granjas donde nadie recuerda haber visto antes a un ministro, y se promete escuchar “a la gente de aquí”, normalmente rodeado de micrófonos y con el coche oficial en doble fila.
La escena se repite con precisión suiza: foto con paisaje rural, referencia a la España vaciada (muy llena de cámaras ese día), y la promesa solemne de que ahora sí, esta vez de verdad, Castilla y León está en el centro de la agenda. Todo ello antes de desaparecer de nuevo rumbo a Madrid, donde el centro de la agenda suele coincidir casualmente.
Resulta entrañable ver cómo, por unas semanas, todos son expertos en despoblación, agricultura y trenes regionales. Lo sorprendente no es que vengan, sino que parezca que descubren la comunidad como si fuera una isla recién avistada: “No sabíamos que esto estaba así”. Los habitantes, pacientes, asienten. Ya saben que es parte del ritual.
Pasadas las elecciones, el silencio vuelve a los pueblos, las pancartas se retiran y las promesas entran en hibernación. Hasta la próxima campaña, cuando Castilla y León vuelva a convertirse, brevemente, en el corazón palpitante del país. Aunque solo sea para la foto.