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"Ya somos europeos": así era Valladolid cuando entramos en la Unión Europea

En 1986 nuestro país pasó a formar parte de la entonces CEE

Valladolid

"Y ahora, por fin, ya somos europeos". Con esta frase terminó sus intervenciones durante casi toda una temporada Antonio Ozores en el 'Un, dos tres', el programa estrella de la parrilla de la tele. La única tele que había a mediados de los 80 en nuestro país. Las ininteglibles peroratas del actor y cómico tenían como coletilla la referencia a un hecho histórico del que este 2026 se cumplen 40 años: la entrada de España como miembro de la CEE.

Con este motivo hemos aprovechado los recursos del Archivo Municipal de Valladolid, nuestra particular máquina del tiempo, para darnos una vuelta por la ciudad en aquel año. Y lo que se puede ver en la galería que acompaña a este texto puede que sorprenda a más de uno. Sobre todo, a quienes han crecido con unas calles y plazas muy distintas a la de entonces.

Una de las cosas que más llama la atención es la ubicua presencia de los automóviles. Si todavía falta mucho por hacer en este ámbito, resulta llamativo ver rincones como las inmediaciones de la Plaza Mayor con coches aparcados y espacios abiertos para la circulación donde ahora hay peatones y terrazas de bares y restaurantes.

Coches por todas partes, sí. Aparcados enfrente, y no debajo, del edificio de Usos Múltiples. Estacionados a lo largo de la Acera de Recoletos, en la calle Platerías. En Tenerías. En la Plaza de Santa Ana. Al ladito de la Catedral. Sobredosis de chapa y humos. Aunque, a la vez, se estrenaban peatonalizaciones, como la que visita el alcalde en aquellos años, el socialista Tomás Rodríguez Bolaños, al que vemos caminando por Cadenas de San Gregorio por donde -hasta ese año- también había coches.

Otro estreno: el de los renovados Jardines de La Rubia. Se extendían desde el cruce con el Polígono de Argales hasta el espacio que ahora ocupa una de las glorietas más pintorescas, el conocido popularmente como monumento al cine. Ofrecía un lugar de esparcimiento para los vecinos de este barrio, con zonas deportivas, para la práctica de juegos autóctonos, un templete e incluso un pequeño quiosco que llegó a hacer funciones de biblioteca. Años después, la construcción del túnel que conecta Argales con el Paseo de Zorrilla se llevó todo aquello por delante.

Y ya que hablamos de visitas a obras, ese año hubo unas cuantas de relumbrón. Como la del Mercado del Campillo, o los primeros pasos para convertir un descampado entre el barrio de Las Delicias y los talleres de RENFE en el Parque de la Paz. Asimismo se estaba desarrollando la segunda fase de Parquesol. Allí, cuarenta años después siguen de obras. Hay algunas cosas que, como comprobaremos enseguida, no cambian tanto.

Obras también en San Benito. El monasterio abordaba su rehabilitación para transformarse posteriormente en dependencias municipales, en una sala de exposiciones y un patio que, cuando llega el buen tiempo, permite acoger conciertos y otros acontecimientos culturales.

También hubo puesta de largo para nuevos autobuses de AUVASA, Si ahora son verdiblancos, en aquel momento la carrocería era mitad roja y mitad beige. Colores que se mantuvieron hasta que otro cambio de color -de tipo político- que llegó nueve años más tarde dejó la estampa de buses azules y -eso no ha cambiado- blancos. De los que todavía quedan varios supervivientes -en color, no en antigüedad- cubriendo las rutas hoy en día.

Lo que no ha sobrevivido es el camping del Pinar de Antequera. Con permiso de los 'Pinguinos', ya hubo quien plantó su tienda de campaña en esta zona verde. Tenían algunas demandas, sobre el abastecimiento de agua por ejemplo. Y así se lo trasladaban al regidor en otra visita del munícipe al que también vemos paseando por la Circular o por el túnel de las Delicias, uno de los pocos, quizá el único, que puede presumir de tener una canción con su nombre que, por cierto, en aquel momento ya estaba en la cabeza de unos casi adolescentes Celtas Cortos.

Lo que sigue (casi) igual y lo que no sigue

Otros espacios, en cambio, permanecen casi congelados en el tiempo. Sucede por ejemplo con el exterior del Hospital Rio Hortega, el antiguo, claro. El que ahora es utilizado parcialmente como centro de especialidades que atiende a los pacientes del barrio de La Rondilla. El exterior ha experimentado pocos cambios, por no decir ninguno, en estas cuatro décadas. Lo mismo que le sucede al Clínico, al menos en su fachada principal.

De lo que no hay constancia, en el Archivo Municipal, es de cómo era entonces la Estación de Autobuses, pero lo bueno de ese vórtice del bajón que todavía tenemos en Valladolid es que, si le que quitamos los andamios que ahora luce, este espacio es, como las hojas del alcornoque, perenne.

Hablando de árboles. El Paseo del Príncipe del Campo Grande sigue casi igual. Aunque la imagen que hemos seleccionado es en blanco y negro, si la ponemos en color y actualizamos la estética de quienes aparecen paseando por este espacio, los cambios son casi inapreciables en todo este tiempo. Los niños siguen correteando y los mayores siguen arreglando el mundo desde los asientos de madera.

Mejor suerte corrió la fábrica de cerámica Eloy Silió, en Vadillos que a estas alturas del siglo XXI es el elemento central de la Plaza de la Danza, sólo que como supermercado. Al menos, el histórico inmueble ha sobrevivido como vestigio de una época diferente.

Y luego está lo que los años se han llevado por delante. Como el Hotel Inglaterra, en María de Molina, que ya estaba cerrado en 1986, cubierta la fachada con carteles electorales porque en ese año hubo cita con las urnas. Igual que ahora, sólo que entonces fueron generales y no autonómicas.

Ni rastro tampoco del Banco del Comercio, una de las muchas entidades financieras que cerraron la cartilla para siempre. Tenía una sucursal en una de las esquinas más destacadas de la Calle Santiago, territorio ahora dominado por las franquicias y donde perviven algunas oficinas bancarias.

Para 1986 llevamos ya cuatro años subiendo a una entonces desangelada zona de la ciudad para ver -quien dice ver, dice sufrir- al Real Valladolid. El viejo Zorrilla estaba a punto de difuminarse con la construcción del edificio de El Corte Inglés. En aquel año las vetustas gradas seguían en pie. Estaban, eso sí, en el tiempo de descuento.

En cambio, acabámos de estrenar el nuevo polideportivo de la ciudad. En Valladolid, se ve que cuando hay dudas sobre qué nombre poner a edificios oficiales y espacios singulares las primeras opciones son Zorrilla o P¡suerga. En el caso de este edificio, se optó por la segundo. Quizá porque tiene el río al lado. Tanto que, el siglo XXI empezó con una crecida que arrasó con parte de estas instalaciones que, en 2026, sigue luchando contra el agua, ahora en forma de goteras. Por fuera, este rincón pucelano está casi igual que entonces. Esto, quizá explique algunos de los achaques que padece.

Hay también descampados y zonas sin urbanizar, como las plazas interiores de las viviendas de Aramburu, o sea, Las Viudas. En 1986 la ciudad estaba todavía en construcción porque los 40 años de dictadura, esos que ahora algunos añoran y que según aseguran dejaron muchos pantanos y familias felices con '600' y vacaciones en Benidorm, en realidad lo que dejaron fue mucho abandono en las ciudades, con zonas degradadas, arrinconadas e infraestructuras caducas.

Ecos de sociedad

El repaso por el Archivo Municipal también nos permite repasar algunos acontecimientos que tuvieron lugar en Valladolid en 1986. Por ejemplo, la visita del alcalde de Barcelona, Pasqual Maragall, para promocionar la candidatura olímpica de 1992. Ese año el Real Valladolid estaba en Primera División, de ahí la instantánea del alcalde Rodríguez Bolaños junto al presidente del Real Madrid, Rafael Mendoza que, a su vez, visitaba una peña madridista.

Hubo, cómo no, SEMINCI. El Teatro Calderón se engalanó para recibir a los asistentes. Y el Hotel Olid, entonces Olid Meliá, también. Con una decoración propia de la época, con mucha moqueta, que eso siempre daba una sensación de comfort y clase. Y también, seguramente, de ácaros.

Y dos personalidades vallisoletanas fueron noticia: a su ciudad natal llegó el féretro del médico Pio del Rio Hortega, fallecido en Buenos Aires. Su cuerpo descansa en el Cementerio del Carmen desde entonces.

En septiembre de ese año la Casa Consistorial se puso de tiros largos para recibir a uno de sus más ilustres vecinos. Miguel Delibes recibía el título de Hijo Predilecto de Valladolid. Hubo acto institucional en el Salón de Recepciones y festín posterior en un establecimiento de la ciudad al que asistieron varios ministros, entre ellos, como se aprecia en las imágenes Javier Solana.

Para celebrar este reconocimiento hubo también estreno teatral. La adaptación de una de las obras del escritor y periodista: La Hoja Roja, protagoniza por Narciso Ibáñez Menta, el padre de Chicho Ibáñez Serrador, creador del concurso por excelencia de nuestra historia catódica y del que hablábamos en el primer párrafo. Y por cerrar con el principio, la última imagen de la fotogalería es la de un acto organizado precisamente para recordar a la ciudadanía que la bandera azul con las estrellas doradas pasaba a formar parte de las enseñas oficiales. Porque, sí, en 1986 todos pudimos decir que ya eramos europeos.

Mario Alejandre

Mario Alejandre

Valladolid, 1977. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Pontificia de Salamanca....

 

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