La Ventana de León
Opinión

La nevadona

Juan Miguel Alonso

León

Ha llegado por fin la nevadona al reino y , con ella, un frío polar que cura por igual la cecina y las arrugas venerables, dejando el cutis de los lugareños hecho un delicado lienzo a punto de quebrar. Ríanse ustedes de los pilings y demás tratamientos antiedad.

Esa congelación eterna afecta también al crecimiento económico y a la creación de empleo, que no llegan a la estepa legionaria, aunque el resto de la patria sume cifras de récord.

El temporal trae desprendimientos en la cerca medieval y en el antiguo edificio de Correos, y hasta en la UPL, que ha sufrido uno súbitamente en el Bierzo, en el enésimo ejemplo de excelencia en el deporte olímpico de tiro en el pie a corta distancia. Otra medalla de oro a la buchaka.

Y donde hay un derrumbe interminable en la Iglesia de Pedro Sánchez edición local, aunque aquí a las lluvias torrenciales y las heladas formidables, habría que sumar la tenacidad de los mandarines en sacarse los ojos en la plaza pública, en invierno en verano, en Cuaresma y en plena campaña electoral. Que una convocatoria electoral no te joda una buena puñalada fraternal, parecen hacerse dicho el Alcaide Diez y el Tribuno Cendón, quien por cierto sigue acumulando patinazos en el hielo sin descanso, como el del enterramiento de las vías de FEVE. El enterramiento, no les digo más. Qué metáfora tan precisa.

Nos es extraño que, con este panorama tan benefactor, Mañuequis ande feliz como una perdiz y pasee su sonrisa por los Fitures de turno, mientras de fondo se lee la profecía: El cielo nos ha elegid. Cómo dudarlo. Lo suyo sí que es una flor y no la de Ancelotti.