La Candelaria: historia, leyenda y devoción del pueblo palentino a su patrona
Artículo sobre la Virgen de la Calle de Francisco Calvo Manzanares

Virgen de la Calle / Diócesis de Palencia

Palencia
Francisco Calvo Manzanares
El 2 de febrero la Iglesia Católica celebra la festividad de la Presentación de Jesús en el Templo o la Purificación de la Virgen María, popularmente conocida como la Candelaria. Con ello llega el final definitivo de las pascuas navideñas, a pesar de que el refranero sentencia “Hasta San Antón, pascuas son, y si quieres más hasta la Virgen de la Paz”.
La fiesta tiene sus raíces en una antigua ley que prohibía a las mujeres salir de casa tras parir durante cuarenta días por considerarlas “impuras”. Tras la cuarentena, la mujer debía acudir al templo y recibir la bendición purificadora. María acudió el 2 de febrero, cuarenta días después del 25 de diciembre.
El papel del fuego purificador dentro de la religión cristiana hace su presencia también en este rito. Dentro de la panoplia es la vela o candela la que acompaña la purificación de la Virgen. Los primeros cristianos recibieron la costumbre y desde el siglo X se documenta la bendición y procesión de las candelas.
En la provincia de Palencia la celebración principal se encuentra en la capital, más dicha festividad también gozó de importancia en localidades como Pozuelos del Rey, donde aún conservan su cofradía y ofrecen a la virgen un par de palomas.
Historia
El dos de febrero Palencia se encomienda a su patrona en la advocación de Nuestra Señora de la Calle, popularmente conocida como la “morenilla”. La devoción palentina a la Virgen tiene un largo recorrido, al menos desde antes del siglo XV, ya que en 1494 aparece referenciada como Virgen de la Calle.
Poseía una capilla exterior junto al templo de Nuestra Señora de las Candelas, lo que posibilitaba la veneración sin necesidad de entrar al templo. Esta pequeña estructura se construyó a comienzos del siglo XV y a finales del siglo siguiente fue ocupada por las carmelitas del convento que fundó Santa Teresa en la ciudad. A inicios del siglo XVII estaba en manos de las bernardas de Santa María del Escobar y en 1613 comienza a construirse la actual iglesia de San Bernardo, incluyendo un camarín para la Virgen diseñado por el arquitecto Felipe Berrojo.
El traslado a la sede vigente se produjo el 5 de noviembre de 1769, la iglesia que denominamos la Compañía debe su nombre a la orden jesuítica que había poseído su titularidad hasta que fue expulsada del país en 1767 según la pragmática del rey Carlos III, siguiendo el ejemplo portugués (1759) y francés (1762).
La cofradía de la Virgen de la Calle, como tantas otras registradas en el Expediente General de Cofradías, sufrió la ira de los poderosos, más en este caso su supresión es anterior a la reforma que pretendía la corona. En 1752 el obispo don Andrés de Bustamante la disuelve y no será hasta 1947 cuando el obispo don Francisco Javier Lauzurica y Torralba la reinstaure, año en el que el Papa Pío XII nombra oficialmente a la Virgen como patrona de Palencia y se pide su coronación canónica.
La Virgen fue intercesora de los palentinos en plagas y sequías desde antiguo, hecho por el que se clamó su patronazgo, justificado por el sentimiento del pueblo palentino desde el siglo XIII de la Virgen como su patrona. La coronación de la Virgen tuvo lugar el 8 de junio 1952 y estuvo acompañada por 34 vírgenes, entre ellas la Virgen de los Ángeles de Castromocho, la de Alconada de Ampudia o la de Carejas de Paredes de Nava.
Leyenda
Cuenta la leyenda que un panadero impío trataba de hacer fuego para prender el horno una mañana. Tras varios intentos fallidos, frustrado, lanzó el tronco ignífugo sin miramientos a la calle. Fue en ese momento cuando un imponente trueno resonó y una voz sueve dijo: “Puesto que a la calle me tiras, de la calle me llamaré”. Al mirar hacia la calle vio en el tronco desplazado la cara de la Virgen y decidió llevar la imagen a un convento.
La mitología, una vez más, explica el origen de la devoción a la advocación mariana, así como su nombre. Se llamaría de “la Calle” por el leño que arrojó el panadero o por la capilla exterior que tuvo, y el apelativo cariñoso de “morenilla” provendría del color de la madera que no ardió.
La talla y su ajuar
Atendiendo a su estética, la talla de virgen viene siendo una escultura de bulto redondo de unos 41 cm de alto datada en el siglo XV, el conjunto lo completa el cuarteto de ángeles en actitud procesional que realzan la talla siendo estos acoplados en el siglo XVIII.
Entre su ajuar destaca la ráfaga, las coronas y la aureola, hechas en metales nobles y piedras preciosas. La iconografía mariana antigua presentaba a la mayor parte de las tallas vestidas con saya y manto, elementos que se han perecido en favor del aspecto escultórico. La Virgen conserva un buen número de mantos, entre los que destaca un capote de paseo donado por el torero palentino Marcos de Celis.
Devoción
Una de las costumbres más bonitas de este día ocurre a primera hora de la tarde, donde emulando la presentación que María hizo del Niño Jesús, los palentinos presentan a la Virgen a los nacidos durante el año para que los acoja en su manto.
El amor de los palentinos hacia su patrona fue estudiado por el hermano Timoteo García Cuesta, cuya obra es una pieza y evidencia clave del sentimiento hacia la patrona. Claro ejemplo es el poema de Ambrosio Garrachón Bengoa titulado “La morenilla”:
“Calle de San Bernardo
vieja hornacina,
que ostenta de la Virgen
pobre estatuilla.
Calle de nuestras calles
“Mayor Antigua”.
En los oscuros cielos
el rayo brilla.
Ciérnese la tormenta,
cae la llovizna;
nada al rudo blasfemo
le atemoriza.
Echa leña en el horno
que pan cocía,
y arde chisporroteando
que es maravilla.
Sólo un trozo le muestra
su rebeldía,
porque no quiere hacerse
pronto ceniza,
que de la curva boca
ya se salía.
Él, en que arda este trozo,
terco, se obstina;
pero lograr su intento
no conseguía.
Cógelo de un extremo,
tanto se irrita,
que a la calle lo saca
donde lo tira.
Mas de pronto un chasquido
le pavoriza,
mientras la voz de un timbre
dulce, decía:
“Pues a la calle me echas,
me echas con ira,
“De la Calle” la Virgen
seré algún día”.
El incrédulo tiembla,
tiembla y medita;
a nadie en torno suyo
ve más que mira;
y el resplandor le ciega
de aquella astilla,
cuyo nimbo brillante
le confundía.
Llama a su fiel esposa,
llama a su hija,
que la noche mediada
duermen tranquilas.
Cuéntales lo ocurrido,
salen deprisa,
y en la calle recogen
lo que él decía;
Un trocito de leño
de roja encina,
cuya punta abrasada
se percibía:
una imagen de ella
tosca y divina,
de la Virgen del Cielo,
Virgen Santísima.
Desde entonces repiten
cuantos la miran:
“¡La Virgen de la Calle,
“La Morenilla”,
que a la boca de un horno
fue aparecida!”.




