El pisito

Juan Miguel Alonso

León
Entre las plagas bíblicas que azotan nuestra modernidad, no es menor la de los llamados pisos turísticos. Dicen los papeles que en la capitales del reino son más de 450, aunque es verosímil creer que las cifras reales superen el millar dada la inveterado costumbre que tienen algunos rentistas por vivir en las sombras de la ilegalidad . Dicen también los plumíferos que el año pasado más de 50000 visitantes eligieron esta opción que creció más de un 17% anual, justo mismo que el IPC legionario.
A nadie se le escapa la repercusión tóxica hasta la letalidad que estas cifras tienen sobre el alquiler convencional. Los precios se disparan y todos quieren hacer su agosto
La crisis de la vivienda que padecemos es en realidad una crisis bárbara de la ley. El acceso a la misma no es , no puede ser un privilegio, sino el derecho constitucional consagrado en el artículo 47 de la Carta Magna que va camino a convertirse en este apunto en una carta a los Reyes Magos. Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada.
Pero no se oyen en este punto las canciones patrióticas ni las llamadas a la españolidad, salvo algún trino aislado como el del gran Alberto, que llama expropiación a cualquier medida que trate de poner tiritas en esta hemorragia nacional, que convierte en pobres a millones de mileuristas, obligados a elegir entre el plato o el techo.
Urge la intervención inmediata del estado en todos sus niveles para establecer las normas pertinentes que hagan efectivo este derecho, y tomar medidas de urgencia a la altura de esta vergüenza, pero no lo harán
Sería preciso multiplicar por diez la inversión en vivienda publica en la próxima década , pero ninguno se pondrá a ello , porque solo trabajan la mirada corta y el barniz estético de cara a las próximas elecciones …y para marzo no llegamos.
Eso sí que regularía el mercado sin tocar el sagrado derecho de la propiedad. Porque si no, ya sabemos, como nos dijo el gran Rodrigo, que es el mercado , amigo, ..ese mercado insaciable e inhumano, el que nos seguirá jodiendo sin descanso.




