Wasapear

La columna de Rafa Gallego: wasapear (13/02/2026)
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León
Al llegar a la calle Ancha desde la Rúa ayer por la mañana, un dragón amarillo arañaba el suelo. La figura de la pequeña excavadora se recortaba desde mi perspectiva contra la fachada del Palacio de Botines. Ya en la esquina, sorteando las obras, me fui hacia arriba y todavía un buen rato estuve pensando en San Jorge espada en mano arremetiendo contra la maquinaria como un Don Quijote de molinos nuevos. Cuando llegué a la Plaza de Regla, el sol y la ventolera me sacaron del cuento, de la lucha entre santos y bestias, un resumen fácil de la historia, que siempre coloca santos a los que vencen y bestias a los derrotados.
El cielo era el cielo azul de León, ese que no habíamos visto en tanto tiempo, y le hice una foto que envié a un amigo por WhatsApp recortando en el encuadre historias de un tiempo ya pasado. Es un vaivén de sensaciones la dependencia de esta nueva forma de comunicarse que nos parece tan natural ahora y que hace apenas quince años, aunque existía, pocas personas usaban. Es verdad que sigue sin estar en el diccionario el verbo wasapear y esa cuestión y la mirada sobre San Jorge y la excavadora y el sol y la respuesta de mi amigo en un escueto “ya lo creo” me hicieron pensar en una diferencia esencial entre lo que es y lo que existe, algo que ya discutían los tomistas en la Edad Media y que sigue estando en el foco de la realidad. El hecho de que no exista el verbo wasapear en el diccionario no impide que sea el modo más inmediato de comunicarnos. Lo que es y lo que existe no son la misma cosa, porque existir podría decirse que es una cualidad del ser. Lo que es, el dragón, San Jorge, el sol y el viento, el escueto mensaje de mi amigo son realidades incuestionables. Su existencia sí se podría discutir.
Wasapear se ha convertido en algo más que un modo de comunicar. Es un hilo que nos atrapa, la seda de una araña que nos conecta como en esa idea inicial de las tres uves dobles, esa amplia red mundial en la que nos balanceamos como los elefantes de la canción. Ya sabía yo que había algo de vaivén en todo esto que te cuento. Lo más vertiginoso está llegando ya: el reinado de la inteligencia artificial y el enlosado de la calle Ancha.




