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El Análisis de la Semana: falta de control en las obras municipales de Aranda

Antonio Miguel Niño carga duramente contra la ‘acumulación de porquería y mierda en la calle Ronda’ y alerta del negacionismo climático y la desinformación y ausencia de pensamiento crítico como amenazas

El Análisis de la Semana - 13/02

El Análisis de la Semana - 13/02

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Aranda de Duero

El espacio de esta semana arrancó con un análisis exhaustivo de la actualidad municipal en Aranda, centrado en el estado y el control de las obras públicas recientes. Antonio Miguel Niño denunció que los problemas detectados no son puntuales, sino estructurales, y que responden a una clara falta de supervisión: «No voy a entrar en las causas, pero yo ya sabía que esto iba a suceder».

En los jardines de Don Diego y la plaza de la Virgencilla, señaló múltiples deficiencias visibles: «Hay muchísimas plaquetas sueltas, vas andando y va sonando absolutamente todo», a lo que se suman baldosas rotas, registros sin tapa durante días y fuentes que no funcionan correctamente. Sobre estas últimas fue claro: «La fuente de la plaza de la Virgencilla lleva más de un mes sin funcionar ninguno de los dos grifos, y no creo que sea por el uso en unos pocos meses».

Niño cuestionó que estas incidencias se produzcan en obras ya recepcionadas y recordó que muchas deberían estar cubiertas por garantía: «Yo me imagino que el Ayuntamiento le estará reclamando a la empresa adjudicataria todas esas cuestiones, porque algunas entrarán en garantía», aunque advirtió de que en otros casos «se lavarán las manos y dirán que las aceras no están preparadas para que suban vehículos».

El análisis se extendió a las obras del ARU de Santa Catalina, donde puso en duda tanto la ejecución como el control técnico: «Hay diferencias de un bloque a otro, algunos están forrados completamente con aislante y otros no». También expresó su preocupación por elementos aún sin resolver: «No sé qué pasa con los cables que siguen colgando de un edificio a otro, cuando la normativa dice que deberían ir soterrados».

En este contexto, criticó duramente la falta de una dirección facultativa eficaz: «Cada obra tiene dos responsables, una dirección externa y otra del Ayuntamiento, y la externa no exime a la interna de controlar». A su juicio, el problema es que «no se está ejerciendo ese control ni durante la obra ni después».

Niño también abordó cuestiones que afectan directamente a la convivencia vecinal, como la permanencia de contenedores provisionales en la calle Ronda: «Eso es una asquerosidad, una auténtica guarrería», recordando que existen contenedores soterrados que deberían asumir ese servicio.

Desde el ámbito local, el discurso dio paso a una reflexión más amplia sobre la desinformación y la ausencia de pensamiento crítico, alertando de que vivimos en un «terreno fértil para los bulos y para que se crea la mentira». Reivindicó el derecho constitucional a recibir información veraz y denunció que «cuando algo se disfraza de información y no es veraz, se está vulnerando un derecho constitucional».

Se mostró especialmente preocupado por la influencia de las redes sociales en la gente joven: «Son muy vulnerables a recibir ese tipo de bulos», y reconoció no tener una solución clara: «No tengo la respuesta, y lo lamento mucho, pero hay que hacer algo». Su apuesta fue clara: «Llamo al pensamiento crítico, a que la gente no se crea todo lo que ve, lee o escucha».

En otro tramo del programa, Antonio Miguel Niño se centró en el cambio climático, utilizando como metáfora la idea de “bailar mientras el mundo se acaba”. Niño denunció el negacionismo climático y la vuelta a los combustibles fósiles: «Nos estamos cargando el planeta y encima con revisionistas y negacionistas que nos llevan a la extinción».

Alertó de que los fenómenos meteorológicos extremos ya no son normales: «Que en febrero ya vayamos por la P en el nombre de las borrascas no es normal, eso es consecuencia del cambio climático». Y advirtió de que las consecuencias no recaen sobre quienes lo provocan: «La naturaleza está agrediendo a gente que no tiene culpa».

El cierre fue una mezcla de ironía y advertencia: «Esperemos que no llegue el fin del mundo, pero si llega, que nos pille bailando», aunque dejando claro que sin control institucional, sin educación crítica y sin responsabilidad política, ese “fin del mundo” deja de ser solo una canción para convertirse en una posibilidad real.

 

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