Cuando Hacienda va a lo cómodo y no a lo correcto
La firma de Jorge Bermejo

La firma de Jorge Bermejo / Radio Aranda

Aranda de Duero
Desde hace meses, las pequeñas empresas, los autónomos y las microempresas vivían con preocupación la llegada de Verifactu, el nuevo sistema de facturación electrónica que debía ser obligatorio a partir del 1 de enero. El calendario era apretado, y muchos profesionales se sentían desbordados ante la idea de que Hacienda pudiera tener acceso en tiempo real a sus movimientos. La sensación general era de vértigo: la tecnología se imponía a un ritmo que la mayoría no podía asumir.
Es evidente que este control llegará tarde o temprano. La Agencia Tributaria lleva tiempo perfeccionando sus mecanismos para tener más información y, con ello, aumentar la presión recaudatoria. Tiene su parte positiva: si todos jugamos con las mismas reglas, hay menos espacio para la competencia desleal. Aunque, como dice el refrán, “hecha la ley, hecha la trampa” y siempre va a haber tramposos.
Pero el problema no es el qué, sino el cómo. Hacienda suele optar por lo cómodo en lugar de lo correcto: fija una fecha y espera que todos se adapten, sin medir el nivel real de preparación de miles de pequeños negocios. Y eso como se ha visto no funciona. Estos cambios, que implican una auténtica transformación en la manera de gestionar, no pueden imponerse con plazos tan cortos. El tiempo ha demostrado que el sistema no estaba listo, y el Gobierno ha tenido que envainársela, concediendo un año más antes de hacerlo obligatorio.
Quizá sería más inteligente enfocar este tipo de transformaciones desde el premio o incentivo y no desde la amenaza. Imaginen que, en lugar de imponer la norma en un año, se diera un plazo de cinco, y que las empresas que se adelantaran pudieran beneficiarse de deducciones o ventajas fiscales. Así, la transición sería más natural, más ordenada y, sobre todo, más justa.
Porque lo que asfixia no es el cambio, sino la forma de imponerlo. Y una vez más, el Gobierno y Hacienda parecen haber pecado de esa voracidad recaudatoria cortoplacista que tanto perjudica a los más pequeños: los autónomos que sostienen su propio empleo con esfuerzo y a los que, a veces, las prisas burocráticas pueden ahogar.

Jorge Bermejo
CEO de Norteña.




