De aquellas aguas, estos lodos
El Monasterio de Santa María de la Vid tiene por delante la ardua tarea de limpiar el barro que ha dejado el desbordamiento del Duero
En menos de dos días el agua fue desalojada, dejando una capa de barro
La Vid
Ya no queda agua en el Monasterio de la Vid, cuya planta baja quedó completamente anegada el domingo al desbordarse el Duero. Las labores de extracción realizadas principalmente por el cuerpo municipal de Bomberos de Aranda han sido muy eficientes, hasta el punto de conseguir desalojar entre el domingo y el lunes los muchos miles de litros que anegaban el claustro con su patio, la iglesia, la capilla, cocinas y otras dependencias de la planta cero, pero ahora queda la ardua tarea de limpiar también el barro que ha dejado.
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La congregación está a la búsqueda de alguna empresa especializada que se ocupe de este trabajo, que podría durar algunas semanas. Dice el prior que lo más complicado será limpiar el claustro, al ser todo el suelo de piedra. “Todo es barro, aunque no es un barro muy grueso, es el barro que ha venido del río, que parece chocolate, y es el que vamos a sacar”, explica Agustín Alcalde, que teme que va a costar más en determinadas partes del monasterio. “La piedra del claustro será quizá donde más cueste sacarlo, porque zonas como la sacristía, que es mármol, no habrá problema, porque es más fino y más fácil de quitar y en la iglesia el problema son los bancos que son 15 o 20, que no sé si les tenemos que sacar fuera para limpiar”, detalla.
El claustro ha quedado cubierto por una capa de barro
Inundaciones en el monasterio de Santa María de la Vid
El patio quedó completamente anegado
Los bancos de la iglesia tendrán que someterse también a una limpieza concienzuda
Una de las estancias inundadas
Inundaciones en el monasterio de Santa María de la Vid
Inundaciones en el monasterio de Santa María de la Vid
Claustro antes de retirar el agua
El claustro será el más problemático de limpiar
Claustro antes de retirarse el agua
Eliminar la fina capa de barro será una ardua tarea
Una vez pasado el susto, esta invasión del Duero quedará para la historia, como ocurrió con otra riada en 1860, en la que entró casi un metro de agua, cinco años antes de que la orden de los agustinos filipinos de Valladolid tomara posesión de este edificio, que llevaba 30 años abandonado tras la ley de desamortización de Mendizábal. El prior no descarta dejar, como entonces, una señal para la historia de esta nueva inundación. “Todo quedara casi casi como antes y a lo mejor podríamos poner en el monasterio una marca donde diga ‘hasta aquí llegó el agua’ como hicieron en 1860 los monjes que estaban cinco años antes de llegar nuestra congregación”, concluye el prior.
Vicente Herrero Carreter
Responsable de Informativos en la SER de Aranda....Responsable de Informativos en la SER de Aranda. Presentador de Hora 14 Edición Ribera.