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El obispo que renunció al cargo para abrazar a los últimos

Un año sin Nicolás Castellanos, el pastor que hizo de Bolivia su casa y de la dignidad humana su misión

La Diputación palentina lamenta el fallecimiento de Nicolás Castellanos / Diputación de Palencia

La Diputación palentina lamenta el fallecimiento de Nicolás Castellanos

Palencia

Un año después de su fallecimiento —ocurrido el 19 de febrero de 2025 en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia— la figura de Nicolás Castellanos sigue latiendo con fuerza tanto en Palencia como al otro lado del Atlántico. Obispo de Palencia entre 1978 y 1991, agustino, humanista incansable y creador del Proyecto Hombres Nuevos, Castellanos encarna una de esas biografías que rompen el molde. Aunque alcanzó uno de los cargos más reconocidos dentro de la Iglesia, eligió dejarlo todo para empezar de cero entre los más pobres.

La renuncia que lo cambió todo

Cuando presentó su renuncia como obispo a Juan Pablo II en 1991 —que le fue aceptada el 4 de septiembre de ese mismo año— pocos entendieron aquel gesto radical. ¿Cómo podía dejar atrás la seguridad de una diócesis para irse a los márgenes de Bolivia?

Él lo explicaba sin dramatismos: “Me voy donde la Iglesia más me necesita”. Con un puñado de laicos y sacerdotes, aterrizó en los barrios más desfavorecidos de Santa Cruz de la Sierra y comenzó un proyecto que acabaría transformando miles de vidas.

Así nació Hombres Nuevos, un movimiento de dignidad que, con el tiempo, puso en marcha comedores, escuelas, centros de acogida, programas de formación, viviendas sociales y hospitales. Una obra de base, sin estridencias, que mezclaba mística y barro, oración y ladrillo, y que le valió, entre otros reconocimientos, el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia en 1998. [

El legado que sigue vivo

Doce meses después de su muerte, la huella de Castellanos no se ha desdibujado. En Palencia y en Bolivia, su recuerdo continúa moviendo a personas, instituciones y comunidades. La Fundación Hombres Nuevos ha organizado este año varios actos conmemorativos para celebrar su vida, su misión y, sobre todo, aquello que él mismo insistía en subrayar: que lo importante no era él, sino las personas a las que servía.

En Palencia, la catedral acoge hoy una eucaristía en su honor, coincidiendo con el aniversario de su fallecimiento. Y, del 3 al 15 de marzo, su claustro mostrará la exposición fotográfica “Nicolás Castellanos Franco, OSA: Pequeños Relatos Liberadores”, un viaje visual que repasa su vida desde la infancia hasta la misión boliviana.

Más que un obispo, un sembrador

Quienes lo conocieron —y quienes solo lo leyeron o escucharon— coinciden en que Castellanos era ante todo un hombre de frontera, un obispo que decidió vivir su vocación desde la intemperie, donde el Evangelio se hace carne. Su estilo directo, su energía incansable y su empeño en “mover montañas” terminaron convirtiéndolo en referente de solidaridad y humanidad.

Murió a los 90 años, pero su obra está lejos de haber terminado. Sigue viva en los comedores que llenan estómagos, en las escuelas que abren puertas, en las viviendas que dan cobijo y en cada joven boliviano que encontró en él una oportunidad.

Un aniversario que interpela

Recordarlo hoy no es un ejercicio de nostalgia, sino una invitación incómoda: mirar la realidad con sus ojos, sin excusas ni medias tintas. Castellanos no fue un héroe perfecto —tampoco lo pretendió—, pero sí un preguntador incómodo, alguien que obligó a muchos a replantearse de qué lado de la historia querían estar.

Su ausencia pesa, pero su legado empuja. Y quizá esa sea la verdadera misión cumplida.

 

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