Hoy por Hoy León
Opinión

Xerocopiar

La columna de Rafa Gallego: Xerocopiar (20/02/2026)

León

Cuando veo en San Isidoro el facsímil de la Biblia visigótico-mozárabe siempre me pierdo en las miniaturas. Es una atracción más que fatal y me imagino al calígrafo Sancho y al miniaturista Florencio en el empeño de la copia, produciendo esa belleza atrevida en la que se nos cuenta la vida social de la época en los márgenes del texto sagrado. La vida se cuela de la mano del genio de Florencio entre las letras magníficas de la palabra divina. La belleza del libro está más allá de la evidencia estética. La belleza del libro está en todo lo que significa.

Me imagino con la ayuda del cine y las novelas, pienso especialmente ahora en El nombre de la rosa, el ambiente del scriptorium, quizá con la luz como único testigo de la maravilla de la copia y el olor de las tinturas y el rasgueo de las plumas en los pergaminos. No vayas a pensar que lo idealizo. Es solo que comparo ese mundo quieto con la velocidad de una fotocopiadora reproduciendo copias a velocidad de vértigo. El papel y la tinta.

Cuando llegaron las primeras fotocopiadoras nos pareció que el mundo de los impresos en papel se revolucionaba. Me imagino cómo debió de ser la eclosión de la imprenta. Naturalmente, un mundo nuevo, otra época. Con las fotocopiadoras, el impacto fue tan grande que una marca de este tipo de máquinas dio lugar a un verbo que ha incluido la RAE en el diccionario: xerocopiar. La xerocopia es un tipo específico de copia que se describe con profusión de detalles en el diccionario y que viene de la marca Xerox. Imagínate que el modo de Florencio de representar las miniaturas en la Biblia hubiera dado lugar a un verbo nuevo que fuese, por ejemplo, florenciar. Este códice está muy bien florenciado, se diría, como se podría decir en el siglo XX que determinado libro se ha xerocopiado muy fácilmente.

Esa facilidad para la copia, desde la imprenta de Gutemberg hasta las impresoras láser, es la base de la democratización del conocimiento. Y a la magia de editar, de reproducir, de compartir la vida que hay en los libros, debemos lo mejor de nosotros, porque los libros son el arma para alimentar la inteligencia. Y te hablo hoy de libros, y he empezado desde la Basílica de San Isidoro, porque sé que es un lugar especial para este montañés que ha sido elegido Leonés del Año, este Héctor nuestro que se dedica a florenciar todo lo que puede y a quien agradezco tanto que no se deje abatir por ningún Aquiles.