El crimen sin resolver que marcó a Velilla del Río Carrión
El asesinato sin resolver de la directora de Caja España: dos décadas de interrogantes, sospechas y una investigación que nunca encontró la verdad
Velilla del Río Carrión (Palencia) / Ayuntamiento de Velilla del Río Carrión.
Palencia
El 29 de enero de 2003 Velilla del Río Carrión, un pequeño enclave de la Montaña Palentina, quedó marcado para siempre. Ese día, Rosario Rodríguez Temprano, directora de la sucursal de Caja España y única empleada del centro, fue hallada muerta en su oficina tras lo que parecía ser un violento asalto. Rosario tenía 49 años y era originaria de Granja de Moreruela (Zamora).
El hallazgo lo realizó la empleada de limpieza cuando accedió a la sucursal. Encontró el cuerpo de Rosario tendido en el suelo, rodeado de sangre. El escenario apuntaba a un crimen cometido con arma blanca en el interior de un espacio pequeño y de acceso restringido. Ese mismo día, al revisar el arqueo, se comprobó la desaparición de aproximadamente 6.000 euros, lo que inicialmente reforzó la teoría de un robo violento.
Una víctima conocida y apreciada
Rosario, conocida por muchos como Charo, llevaba años al frente de la sucursal y era muy popular en Velilla, un pueblo donde todos se conocen. Según confirmaron fuentes de Caja España, estaba a punto de ser trasladada a Valladolid, un cambio que ella misma había solicitado. Ese traslado nunca llegó.
La noticia conmocionó profundamente a la localidad y a los municipios de la comarca. El entierro se celebró en su pueblo natal, donde la acompañaron familiares, vecinos y compañeros consternados por la brutalidad del suceso.
La investigación: registros, interrogatorios y un sospechoso señalado
La Guardia Civil se hizo cargo del caso desde el primer momento. El juzgado de Cervera de Pisuerga decretó el secreto de sumario mientras agentes interrogaban a distintas personas del entorno local, según relataban por aquel entonces los medios de comunicación, algunos de ellos de ámbito nacional.
La detención de Irineo Puebla
Pocos días después, la investigación dio un giro con la detención de Irineo Puebla, un vecino de Velilla de 42 años con antecedentes penales. Varias personas aseguraron haberlo visto merodeando cerca de la sucursal en los días previos al crimen.
El juzgado autorizó el registro de su domicilio, y la Guardia Civil trasladó al sospechoso entre fuertes tensiones vecinales. La presión social fue tan intensa que, tras el registro en Velilla, fue conducido al cuartel de Saldaña para continuar los interrogatorios en un entorno menos hostil.
Irineo Puebla había sido condenado en 1991 por el asesinato y robo a un vecino la Nochevieja de 1989. Sin embargo, no cumplió íntegramente la condena por un eximente de trastorno mental grave. La similitud en el móvil —el dinero— avivó aún más las sospechas.
Ingreso en prisión… y un caso que vuelve al punto de partida
Tras ser sometido a un largo interrogatorio, Irineo ingresó en la prisión de La Moraleja (Dueñas) de manera provisional por orden judicial. Sin embargo, la Guardia Civil no logró reunir pruebas concluyentes que lo vincularan de manera definitiva con el asesinato de Rosario.
Con el paso de las horas —y ante la ausencia de indicios firmes— el detenido terminó siendo puesto en libertad. De nuevo, el caso quedó sin una línea clara de resolución.
Un enigma que el tiempo no ha podido cerrar
Veinte años después, el crimen de Rosario Rodríguez continúa siendo uno de los más impactantes y enigmáticos de Castilla y León. Programas de investigación y reportajes posteriores han vuelto a revisar el caso, interrogándose sobre las múltiples posibilidades: ¿fue realmente un robo? ¿Un crimen planeado? ¿Un ataque personal? ¿El autor formaba parte del pueblo, como muchos sospechaban?
Las versiones que surgieron con el paso del tiempo sugieren que el asesino podría haber conocido la rutina de Rosario, el funcionamiento interno de la oficina y el momento exacto para actuar. Pero ninguna hipótesis ha sido nunca confirmada.
El silencio de Velilla
En Velilla del Río Carrión, el recuerdo sigue vivo. La oficina donde ocurrió el crimen, los interrogatorios, los días de rumores… todo forma parte de una memoria colectiva en la que la pregunta “¿quién mató a Charo?” sigue sin respuesta.
Una herida que permanece abierta
Hoy, el caso está oficialmente sin resolver. La falta de avances, la ausencia de pruebas nuevas y el paso del tiempo han convertido el asesinato de Rosario Rodríguez en un “cold case” que duele: un crimen brutal en un pueblo tranquilo, una investigación que no pudo llegar a la verdad y una familia que nunca obtuvo justicia.
El tiempo ha seguido su curso en la montaña palentina, pero la historia de Rosario no se ha apagado. Siguen faltando las últimas piezas. Y mientras no aparezcan, Velilla seguirá esperando la verdad.
Familiares de la víctima se movilizaron
Las movilizaciones de los familiares de Rosario Rodríguez Temprano fueron cruciales para mantener vivo un caso que, con el paso del tiempo, parecía estancarse.
A través de concentraciones, desmentidos públicos, manifestaciones masivas y una presencia constante ante los medios, la familia presionó a las autoridades y reclamó justicia. Las convocatorias de 2003, 2004 y 2005 demostraron que el pueblo y la familia no estaban dispuestos a permitir que el asesinato quedara en el olvido.