Escuchar el arte
Juan Miguel Alonso
León
Estos días he trabajando en clase con un artículo de Noemí Sabugal titulado Escuchar es un arte. El texto es fantástico , como casi todo lo que sale de la mano de Noemí, y fue merecedor del Premio Internacional de periodismo Julio Camba fallado hace algunas semanas.
El artículo es una invitación justamente a escuchar y a escucharse usando diferentes ejemplos como pretexto para ponernos ante la imperiosa necesidad de aguzar el oído para comprender lo que pasa a nuestro alrededor y también dentro de nosotros mismos.
A la vista del panorama que los medios de comunicación nos enseñan todos los días, el texto no puede ser más vigente.
Nadie escucha a nadie, y el discurso político ha devenido en un monólogo, cantinflanesco en las más de las ocasiones, que no busca el diálogo sino la alimentación de la tribu propia. Este paisaje comunicativo de tweets, reels y posts es, en realidad, un diálogo de sordos que sólo promueve el ruido y la desinformación.
Con todo, lo realmente patológico y letal es la incapacidad para escuchar en nuestro interior, para recorrer nuestras galerías intercostales y no conmoverse con los gritos insoportables de esas mujeres asesinadas por su parejas por sus padres, con esa moribundia por hambruna de niños en cualquier infierno del Sur, con el ruido infinito de las armas en las guerras sin fin que alimentamos con nuestro silencio y nuestra complicidad.
Claro que cabe la posibilidad de que vernos en ese inmoral espejo sea insoportable y nos refugiemos en el ruido para protegernos de ese selfi inhumano.
Mientras tanto, nos queda el arte y su capacidad infinita de hacernos mejores, como ese artículo de Noemí que hoy, casualmente, hemos leído en clase.