Las lluvias dejan 470 hectáreas siniestradas en Palencia
Agroseguro contabiliza 191 parcelas afectadas, dato que no es definitivo, y los agricultores temen que el exceso de agua retrase siembras y comprometa cultivos
El parque Javier Cortes de Saldaña anegado / Borja Barba
Palencia
La provincia de Palencia vuelve a situarse en el centro de un episodio climático adverso tras confirmar Agroseguro que las fuertes lluvias recientes han provocado daños en 470 hectáreas agrícolas, repartidas en 191 parcelas. Se trata de un nuevo golpe para un sector que encara un inicio de año marcado por la humedad extrema, los suelos encharcados y una creciente preocupación por la próxima campaña. Los datos no son definitivos. Se prevé que haya más hectáreas y parcelas afectadas. Lo que ocurre es que en algunas tierras todavía no se ha podido entrar.
Los datos meteorológicos avalan la excepcionalidad del episodio. Enero ya fue calificado como el mes más lluvioso de los últimos 25 años en España, con precipitaciones un 85 % superiores a lo habitual, afectando especialmente a las zonas del interior y del noroeste peninsular, donde se enmarca Palencia. Ese exceso hídrico se tradujo en miles de hectáreas siniestradas en todo el país, con un incremento del 62 % respecto al mismo mes del año anterior.
En Palencia, el agua caída no solo ha arrasado cultivos ya establecidos, sino que ha transformado literalmente el paisaje agrícola. Parcelas que deberían estar listas para iniciar el ciclo de siembras presentan suelos saturados, arados convertidos en láminas de barro, charcos que se expanden como pequeñas lagunas temporales y taludes debilitados por la escorrentía.
Los agricultores describen unos campos donde cada paso hunde la bota varios centímetros y donde maquinaria y tractores quedan atrapados con facilidad. La tierra, tan necesaria cuando guarda la humedad justa, hoy retiene demasiado: está pesada, apelmazada, difícil de trabajar. “Siembra” es una palabra que, por ahora, suena demasiado optimista.
Los cerealistas miran al cielo con una mezcla de temor y resignación: demasiada agua puede retrasar la nascencia del cereal de invierno, provocar podredumbre en cultivos ya nacidos o impedir el acceso mismo a las parcelas. Y los hortelanos, que dependen de calendarios más estrictos, ven cómo el exceso de humedad compromete la planificación de las primeras campañas primaverales.
Los temporales han dejado también huellas menos visibles pero igual de determinantes: nutrientes arrastrados por la lluvia, suelos desnudos erosionados y pequeñas heridas en las fincas que requerirán tiempo —y recursos— para recuperarse. No es solo el daño inmediato; es la amenaza de un calendario que se descoloca, de una campaña que empieza con el pie cambiado.
A la espera de nuevas valoraciones y peritaciones, la cifra provisional de 470 hectáreas y 191 parcelas afectadas marca el primer balance de un episodio que, según temen los agricultores, podría ser solo el preludio de un año complicado. En los pueblos palentinos, la lluvia, que siempre fue bendición cuando llegaba a tiempo, se ha convertido esta vez en un visitante pesado, persistente y difícil de gestionar.