Las grietas de una investigación: la voz del agente que alertó de fallos en el caso de las niñas de Aguilar
Pedro Santos, exjefe de la Policía Judicial, señaló fallos esenciales en las primeras horas y decisiones clave que marcaron el rumbo de una de las desapariciones más enigmáticas de los años noventa
Niñas de Aguilar
Un caso sin resolver más de tres décadas después
Palencia
La desaparición de Virginia Guerrero y Manuela Torres el 23 de abril de 1992 continúa siendo uno de los sucesos más desconcertantes de la crónica española. Las menores, de 14 y 13 años, hicieron autostop en Reinosa (Cantabria) para regresar a Aguilar de Campoo, pero nunca llegaron a su destino. El caso, aún abierto, acumula más de treinta años de incógnitas.
En 2018, y más tarde en reemisiones posteriores, el programa Equipo de Investigación dio voz a Pedro Santos Álvarez, exjefe de la Policía Judicial. Sus declaraciones reavivaron el debate público sobre posibles fallos en la investigación inicial.
“En los primeros días prácticamente no se hace nada”
Santos describió los primeros compases de la investigación como insuficientes y descoordinados, asegurando que las actuaciones fueron mínimas en un momento crítico para la localización de las niñas. Según relató, pese a la gravedad del caso, no se activaron operativos amplios de búsqueda en las primeras horas, una demora que considera decisiva para el posterior bloqueo de la investigación.
Esta crítica se enmarca en un contexto habitual en desapariciones de los años noventa, cuando aún no existían protocolos estandarizados como los actuales.
Testigos clave y una investigación que no avanzó
El agente también subrayó otra irregularidad: hasta cuatro testigos afirmaron haber visto a las menores subir a un Seat 127 blanco, un dato que, según Santos, pudo haber sido determinante. La Policía realizó un rastreo de vehículos similares en varias provincias —Palencia, Cantabria, Burgos y Valladolid— pero la investigación se centró únicamente en un varón que conocía a las niñas, al que finalmente descartaron. Para Santos, ese enfoque limitado provocó la pérdida de posibles líneas de investigación desde el primer momento.
La versión de otros testigos presenciales recogida en distintas fuentes confirma que el Seat 127 blanco fue el último elemento conocido del recorrido de las niñas, aunque nunca se pudo identificar al conductor.
Una pista tardía: el hombre del “acento francés”
Santos también criticó cómo, ya con el caso estancado, las autoridades siguieron una pista poco sólida aportada por un supuesto hombre con acento francés que habría llamado pidiendo un rescate. Los agentes se desplazaron hasta un parque de Valladolid, pero no apareció ningún sospechoso. El exjefe policial cuestionó no solo el valor de esa pista, sino el tiempo que se dedicó a ella, desviando recursos de otros frentes que consideraba prioritarios.
Un caso marcado por pausas y reaperturas
La investigación ha sido reabierta en varias ocasiones, en algunos casos tras nuevas denuncias o hallazgos puntuales, aunque siempre ha vuelto a caer en punto muerto. En 2021, por ejemplo, se prorrogó el secreto de sumario tras una nueva línea de investigación impulsada por la denuncia de una mujer que años atrás vivió un episodio similar cuando hacía autostop, aunque finalmente tampoco se avanzó hacia sospechosos claros.
Las familias, que han llevado el caso incluso al Tribunal Constitucional y posteriormente a Estrasburgo, insisten en que no se han practicado diligencias esenciales y que persisten lagunas importantes en la investigación.
La visión de Santos en perspectiva
Las observaciones de Pedro Santos no fueron una acusación directa de negligencia, sino un análisis profesional de lo que él calificó como “grietas” en la investigación. A juicio del agente, la combinación de:
- una reacción inicial lenta,
- decisiones centradas en hipótesis muy concretas,
- seguimiento tardío o poco productivo de algunas pistas,
- y falta de un protocolo sólido para desapariciones de menores,
Creó un escenario en el que las oportunidades cruciales se fueron perdiendo.
Sus declaraciones, difundidas públicamente años después, se convirtieron en uno de los testimonios más relevantes sobre los posibles fallos estructurales del caso.