Susana Vidal presenta en Aranda El lector de la tabaquería, una novela sobre emigración, identidad y memoria entre Asturias y Cuba
La autora con raíces ribereñas, presentará en Aranda de Duero un relato lleno de emoción, aventuras y personajes que bebe de la tradición de las grandes novelas del siglo XIX

Susana Vidal, autora de El Lector de la Tabaquería"
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Aranda de Duero
A veces los libros llegan por casualidad. O quizá no. La historia de cómo El lector de la tabaquería llegó a mis manos tiene algo de destino literario: primero fue una recomendación de la librera Lorena Bodas; poco después, el mismo título apareció de nuevo, esta vez como regalo de una amiga. Y poco después llegó también la oportunidad de conversar con su autora en los micrófonos de la SER.
Detrás de esa novela está Susana Vidal, economista de profesión, lectora apasionada desde siempre y ahora también escritora. Su debut literario la traerá a Aranda de Duero la próxima semana para presentar un libro que combina investigación histórica, emoción y una estructura narrativa heredera de las grandes novelas clásicas que te sumerge desde sus primeras páginas en múltiples historias de las que no quieres coger distancia.

Portada del libro de Susana Vidal / Imagen facilit

Portada del libro de Susana Vidal / Imagen facilit
Cuando escribir deja de parecer imposible
Durante años, Susana Vidal pensó que escribir era algo reservado a unos pocos elegidos: “Siempre fui una lectora compulsiva, pero pensaba que escribir era algo muy complicado, como si hiciera falta una varita mágica”, recuerda.
Ese prejuicio cambió cuando decidió apuntarse a un curso de escritura creativa. Allí descubrió que la literatura también es un oficio que se aprende con trabajo: “Me di cuenta de que escribir es un trabajo, un oficio como otro cualquiera. Con esfuerzo y muchas horas puedes aprender”. Ese descubrimiento abrió la puerta a algo que pronto se convirtió en una necesidad.
El impulso definitivo llegó en un momento personal complicado. Tras la muerte de su padre, Susana Vidal encontró en la escritura una forma de canalizar emociones: “Empecé con un microrrelato sobre él que salió fatal, un desastre”, cuenta entre risas. “Pero me ayudó muchísimo a sacar la tristeza”. La lectura y la escritura, asegura, pueden tener un efecto terapéutico: “Para mí lo fue”.
Aquella primera experiencia terminaría creciendo hasta convertirse en una novela extraordinariamente narrada, con personajes de una gran profundidad y múltiples historias, a cual más intensa, que no cesan de despertar emociones.
Una historia que empieza en Asturias
El germen de El lector de la tabaquería apareció lejos de cualquier plan literario. Susana Vidal compró hace años una pequeña casa en Asturias para escapar del calor de Madrid durante el verano. Fue allí donde empezó a escuchar historias sobre los llamados indianos, los emigrantes que partieron hacia América a finales del siglo XIX y principios del XX: “En el pueblo me hablaban de ellos y veía sus casas con palmeras en el jardín. Me picó la curiosidad”.
Aquella curiosidad la llevó a investigar en archivos, bibliotecas y museos, entre ellos el Museo de la Emigración y la Biblioteca Nacional. Pero el momento clave llegó gracias a una conversación con un cubano cuyos abuelos eran asturianos. Fue él quien mencionó por primera vez la figura del lector de tabaquería, una tradición muy arraigada en las fábricas de tabaco de Cuba: “Cuando escuché esa palabra supe que tenía la historia”.
En aquellas fábricas, un lector se encargaba de leer en voz alta periódicos y novelas a los trabajadores mientras elaboraban los cigarros. Aquella figura cultural se convirtió en el eje de la novela.
Dos años viviendo dentro de la historia
El proceso de escritura fue largo y absorbente. Durante dos años, Susana Vidal convivió con sus personajes de forma casi permanente: “Es un proceso muy obsesivo”, admite. “Te vas a pasear con los perros y sigues pensando en las escenas, en los giros de la trama, en los personajes”.
La investigación también fue intensa. Tanto que tuvo que aprender una de las lecciones más difíciles para un escritor novel: saber eliminar: “Tengo unas doscientas páginas que no entraron en el libro. A veces es tan importante quitar como escribir”.
Aunque la historia tiene un protagonista claro —Ramón, un emigrante asturiano que viaja a Cuba— la novela está construida como un relato coral lleno de personajes y tramas paralelas. Esa elección no es casual. Vidal reconoce la influencia de los grandes clásicos de aventuras y folletín que la marcaron de niña. Entre ellos, títulos como El conde de Montecristo o Los tres mosqueteros, de Alexandre Dumas, y las grandes novelas del siglo XIX: “Siempre me han gustado las historias largas con tramas que se cruzan y personajes que evolucionan”. Ese formato le permitió construir una narración rica en conflictos, emociones y giros narrativos.
Aunque el contexto histórico es fundamental, la autora tenía claro desde el principio que quería centrarse en la dimensión humana de la emigración: “No quería contar solo la historia épica del emigrante que se va a América”, explica. “Quería hablar de cómo se sentían esas personas”.
El viaje en barco, la llegada a un país desconocido o la construcción de una nueva vida aparecen en la novela desde una perspectiva profundamente emocional. También lo hace el tema de la identidad: “Siempre existe ese conflicto: ¿soy del país del que salí o del país en el que vivo?”. Una pregunta que atraviesa toda la historia del protagonista.
Un regreso especial a la Ribera del Duero
La presentación de la novela en Aranda de Duero tendrá para Susana Vidal un significado especial. Su vínculo con la zona es personal: “Mi hermana vive en Aranda y mi madre es de Tubilla del Lago”, explica. “Siempre digo que tengo pueblo gracias a ella”.
Una idea que, según cuenta, suele sorprender a sus compañeros de trabajo internacionales: “Les hace mucha gracia que digamos eso de ‘tener pueblo’”.
Entre las frases que aparecen en la novela hay una que resume bien la filosofía de su autora: “Tu determinación definirá tu destino”. “Quiero creer en la meritocracia”, explica. “En que el trabajo y el esfuerzo siguen siendo importantes”. Esa convicción está reflejada también en el personaje principal de la novela: un hombre humilde que intenta abrirse camino a base de tesón y honestidad. Una forma de entender la vida —y también la literatura— que Susana Vidal empieza ahora a explorar públicamente con su primera novela.




