El salmantino Álvaro Alaguero recibe el abrazo de toda una comunidad tras 18 años regalando ayuda
Álvaro Alaguero, voluntario de Protección Civil de Santa Marta, ha sido distinguido en Valencia por su trayectoria, entrega y compromiso con la ciudadanía


Salamanca
Álvaro Alaguero, voluntario de la Agrupación de Protección Civil de Santa Marta de Tormes, ha recibido la Cruz al Mérito con distintivo azul, un reconocimiento que premia sus 18 años de dedicación desinteresada al servicio de la ciudadanía. La condecoración le fue entregada en Moncada, Valencia, durante los actos del Día Internacional de la Protección Civil, una cita que reunió a agrupaciones de todo el país.
En Hoy por Hoy Salamanca, Alaguero ha compartido la emoción de un premio que, asegura, “reconoce una trayectoria construida desde la vocación de ayudar sin pedir nada a cambio”. Una vocación que le viene de casa: “Mis padres siempre nos inculcaron la importancia de ayudar. Ayudaba en el colegio, en mi pueblo, Vega de Tirados… pero necesitaba llegar un poco más lejos y por eso encontré mi sitio en Protección Civil”, ha recordado. Su incorporación a la agrupación de Santa Marta se produjo en diciembre de 2018.
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Hoy por Hoy Salamanca (09/03/2026)
Detrás del uniforme naranja, explica, hay perfiles muy diversos y altamente cualificados. Él mismo compagina su labor voluntaria con su trabajo en el colegio Salesianos de Salamanca y su actividad como técnico en emergencias sanitarias, profesión que ejerce en ambulancias durante los fines de semana. “Cuando atiendo a alguien como voluntario sé lo que tengo que hacer porque tengo formación sanitaria. Igual que hay policías, médicos o enfermeras: todos estamos preparados para ayudar”.
Alaguero describe a Protección Civil como un equipo “todoterreno”, capaz de intervenir en incendios, emergencias sanitarias, inundaciones, dispositivos de acogida o cualquier situación que requiere apoyo inmediato. “Hacemos de todo”, ha comentado.
En casi dos décadas de servicio, conserva varios momentos especialmente marcados. La pandemia del COVID‑19, por el impacto emocional de asistir a personas mayores en circunstancias extremas y trabajar envuelto en EPIs: “Era una sensación muy extraña”.
El segundo, la DANA, cuya llegada a la llamada “zona cero” recuerda como “una escena de película de guerra”, con paredes de colegios derrumbadas y calles destrozadas. De aquel episodio también guarda imágenes luminosas, niños observando desde una ventana cómo limpiaban el parque sin poder esperar a volver a jugar, o una vecina que, al ver la calle despejada, les dijo emocionada: “Ahora sí, esta es nuestra calle”.
Para Álvaro, la recompensa más valiosa es siempre la respuesta de la ciudadanía.




