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El viejo colegio ferroviario: una herida abierta en Palencia

El antiguo Colegio de Huérfanos Ferroviarios, símbolo educativo del siglo XX, agoniza entre abandono y peticiones de rescate

Edificio del Colegio de Huérfanos Ferroviarios en Palencia / Hispania Nostra

De símbolo de modernidad a ruina

Palencia

El edificio del antiguo Colegio de Huérfanos Ferroviarios de Palencia, levantado en 1953 para acoger a jóvenes huérfanas de familias ferroviarias, continúa siendo uno de los grandes espacios vacíos y pendientes del mapa urbano. Su historia combina solidaridad, modernidad arquitectónica y décadas de enseñanza con un presente en el que el abandono se ha impuesto, pese a las repetidas llamadas ciudadanas para evitar su colapso definitivo.

Un proyecto social y educativo adelantado a su tiempo

La institución de Huérfanos Ferroviarios surgió tras la Guerra Civil como respuesta al aumento de menores que habían perdido a uno o ambos progenitores. El colegio de Palencia fue inaugurado el 15 de mayo de 1953, tras un decreto de 1942 que hizo obligatoria la aportación de cuotas mensuales por parte de todos los trabajadores de RENFE para sostener los centros educativos destinados a sus hijos. Gracias a ese mecanismo, la red de colegios —Madrid, Torremolinos, Palencia, Alicante, Ávila y León— se amplió en los años cincuenta.

En Palencia, el centro llegó a albergar medio millar de estudiantes, todas ellas mujeres, bajo la tutela de las salesianas Hijas de María Auxiliadora. La combinación de enseñanza, residencia y valores comunitarios convirtió al colegio en un referente nacional en la educación de huérfanas ferroviarias, siguiendo un modelo que complementaba la formación académica con actividades culturales y apoyo social.

El valor arquitectónico de un edificio singular

El inmueble fue considerado moderno para su época. Su diseño, mayoritariamente en ladrillo, incorporaba piedra en la base y en los bordes de ventanales y vanos circulares. La fachada principal incluía soportales con arcos de medio punto y un sistema de patios interiores que, vistos desde el aire, generan la ilusión de cuatro espacios diferenciados aunque el edificio solo cuenta con dos.

Este lenguaje arquitectónico convirtió al colegio en un ejemplo de construcción institucional del franquismo tardío, funcional pero con intención expresiva. Su estructura era robusta, pensada para soportar amplias zonas comunes, dormitorios, aulas, espacios de recreo y áreas administrativas en un entorno autosuficiente ligado al espíritu ferroviario: orden, disciplina y vocación de servicio público, datos que han destacado desde Hispania Nostra.

Del cierre a la lenta decadencia

El colegio cerró sus puertas como centro de huérfanas en 1982, aunque siguió en uso hasta 2002 como sede de las escuelas universitarias de Educación y Relaciones Laborales. Tras su abandono definitivo, el deterioro se aceleró. En 2014 ya se alertaba de daños provocados por actos vandálicos y de la aparente intención de generar filtraciones retirando tejas para precipitar su ruina. Las denuncias recogían cristales rotos, ventanas abiertas, vallas derruidas e incluso caballos pastando en el recinto.

A esta situación contribuyó la ausencia de vigilancia y de un plan de mantenimiento desde que el Ayuntamiento de Palencia asumió la titularidad en 2011, tras una sentencia del Tribunal Supremo. Con el paso de los años, la suma de abandono estructural, saqueos y exposición a la intemperie ha supuesto una degradación profunda del inmueble.

En la Lista Roja y en el punto de mira del patrimonio

La organización Hispania Nostra incluyó el edificio en su Lista Roja del Patrimonio, alertando de su riesgo de desaparición. En su informe destacan no solo los daños evidentes, sino la pérdida progresiva de elementos arquitectónicos y la amenaza real de colapso si no se emprende una intervención urgente. Consideran el colegio un ejemplo destacado de arquitectura institucional del siglo XX y un testimonio del sistema de protección social de los ferroviarios.

Mientras tanto, asociaciones vecinales, antiguos alumnos y colectivos culturales de la ciudad llevan años reclamando una solución. Las propuestas son variadas: centro cultural, espacio museístico vinculado al mundo ferroviario, residencia universitaria, equipamiento social o incluso sede institucional. Pero hasta la fecha, Palencia no ha concretado ningún plan de intervención.

Un futuro en suspenso para un edificio que fue hogar

El antiguo Colegio de Huérfanos Ferroviarios sigue siendo un gigante dormido en el paisaje urbano palentino. Para muchos ciudadanos, representa una parte esencial de la memoria local: un edificio que albergó vidas, oportunidades y esperanzas en tiempos difíciles. La imagen actual, sin embargo, lo muestra como un espacio desprotegido, en riesgo y a la espera de una decisión que marque su futuro.

La cuestión no es solo arquitectónica o institucional: es una decisión sobre qué quiere Palencia hacer con su propio pasado. Y sobre si está dispuesta a rescatar un espacio que sigue hablando, incluso desde el silencio, del papel que la solidaridad ferroviaria desempeñó en la vida de miles de familias españolas.