Tinín Bayo, memoria viva de Aranda: “No he tenido clientes, he tenido lectores”
Repasamos la vida de un reconocido librero y continuador de la saga de Librería Bayo, que con más de 170 años de historia, ha dejado una profunda huella en la vida cultural de la capital ribereña

Viaje por la memoria, Tinín Bayo
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Aranda de Duero
El edificio de la memoria se sustenta en pilares básicos y sólidos como lo son los recuerdos las imágenes, las experiencias, los aprendizajes y los sentimientos. A veces, para su ilustración y estética, vamos completando su arquitectura con ilustraciones, gráficos imágenes, textos, notas o melodías que se van integrando en la historia personal, familiar y colectiva. Como si de una imprenta se tratase vamos escribiendo en el inmaculado pergamino de la retentiva lo que nos atrae y se consolida. Es la memoria un lienzo que va sintiendo los impactos de cada letra, de cada pausa y de cada espacio. Y tal vez después se irá mostrando en los escaparates de las librerías donde se ofrecen las esperanzas de descubrir las viejas historias nuevas de lo que fuimos y somos después de soñar lo que quisimos ser.
Hoy abrimos el libro escrito e impreso con el trazo firme y la precisión lingüística de la evocación para leer con detenimiento y agrado los itinerarios del ‘Viaje por la memoria’ de un arandino que ha vivido rodeado del aroma de los libros y la tinta, ambiente perfecto para entender que la lectura es el acceso más directo al conocer, saber y ser. Saludamos ahora para asomarnos a la ventana de los recuerdos de nuestro distinguido e ilustre librero y vecino TINÍN BAYO.
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Una vida marcada por la librería y la imprenta
Tras esta introducción de Ausen Frutos, saludamos al heredero de una saga familiar ligada a la imprenta y al libro desde hace generaciones. Tinín creció literalmente entre tinta y papel. Su padre, Félix, fue impresor y librero, y su ejemplo marcó su destino: “Le he visto trabajar de sol a sol. Eso lo llevas en vena, ¿cómo no me iba a gustar la librería?”, resume. Aunque su padre quiso que estudiara aparejadores, él nunca tuvo dudas. “No hubiera sido feliz en otra cosa”, revela. Y así fue. Durante más de medio siglo, permaneció al frente de la histórica librería familiar -Librería Bayo-, un negocio con más de 170 años de historia que ha dejado una profunda huella en la vida cultural de Aranda. Y sin poder olvidar Imprenta Bayo, también referencia en la ciudad y donde estuvo de niño.

Imprenta Bayo / imagen facilitada

Imprenta Bayo / imagen facilitada
Para Tinín, en todo caso, eso ser librero iba mucho más allá de vender. “Yo no he tenido clientes, he tenido lectores”. Una frase que resume su forma de entender el oficio y su relación con quienes cruzaban la puerta del establecimiento.
Recuerdos de una ciudad que ya no existe
Este recorrido por la memoria es también un retrato de la Aranda de antaño. Tinín evocó su infancia en la calle Montás, con vistas a la Plaza del Trigo —entonces Comandante Requejo— y escenas que hoy parecen lejanas: las largas colas para el cine, los carros cargados de remolacha o los veranos en la Plaza Mayor. “Bajábamos con la bicicleta, nos la prestábamos unos a otros, dábamos vueltas, nos parábamos en el puesto de helados… era delicioso vivir aquí”, recuerda con nostalgia.
También hubo espacio para anécdotas tan sorprendentes como inolvidables. Como aquel día en San Vicente de la Barquera en el que, siendo un niño, intentó surfear con una tabla improvisada -un tablón de una obra-… y terminó siendo rescatado al sentir que se ahogaba y tener que pedir auxilio, por la mismísima actriz Deborah Kerr, que iba a hacer surf en tierras cántabras, y era la 'culpable' por la que Tinín se había adentrado en el mar y tenido la idea del surfeo. “Estoy aquí gracias a ella”, bromea entre risas.

Con los cuadros en 2025 en exposición colectiva de ARA / imagen facilitada

Con los cuadros en 2025 en exposición colectiva de ARA / imagen facilitada
La librería como punto de encuentro
La librería Bayo no fue solo un negocio, sino un lugar de encuentro para generaciones de arandinos. Tinín recordó con emoción pequeños gestos que reflejan ese vínculo. “Una lectora me enseñó un papel de regalo de Reyes de hace 30 años, con nuestra etiqueta. Lo había guardado todo ese tiempo. Eso emociona”, reconoce, a la par que rememora iniciativas como los calendarios con fotografías antiguas de la ciudad, o las ferias del libro organizadas junto a otros libreros. “No ha habido otra feria igual. Cada caseta tenía una temática distinta, era algo único”, refleja. Su pasión por la cultura le llevó incluso a protagonizar originales escaparates, como aquel en el que se disfrazó de Groucho Marx y sorprendía a los viandantes moviéndose como un autómata.

Con Quino, padre de Mafalda / imgen facilitada

Con Quino, padre de Mafalda / imgen facilitada
Familia, pérdidas y legado
El relato de Tinín estuvo profundamente atravesado por la familia. Habló con cariño de su mujer, Marisa, a quien conoció en Burgos. “Es lo mejor que me ha pasado en la vida”, dice abiertamente, Después llegaron los hijos y, más tarde, los nietos de quien comparte sensaciones y felicidad. Sin embargo, el toque nostálgico en este viaje llega al recordar a su hermano Juanjo, pieza clave en la librería y fallecido prácticamente hace dos décadas. "Han pasado 20 años. "Sigue muy presente”, reconoce.
Vivir sin prisa
Ya jubilado, Tinín disfruta de una etapa que define con sencillez. “La jubilación es hacer lo que te da la gana”. Y eso es exactamente lo que hace: pasear, hacer fotos, compartir recuerdos o, simplemente, vivir. Porque, como dejó claro Tinín Bayo -ni se llama Tinín ni Bayo se halla entre sus primeros apellidos- cada libro, cada recuerdo y cada lector forman parte de una misma historia: la de una ciudad que sigue viva en quienes la han contado.
Este Viaje por la Memoria al completo, junto a Valentín García y Ausen Frutos, puede reproducirse al completo en el audio superior.




