Adolfo Sainz reelegido por quinta vez como presidente del Casino Amistad Numancia
Lleva 17 años de presidente de esta simbólica entidad y ha logrado después de muchos intentos la calificación de BIC.

Soria
Adolfo Sainz fue reelegido hace unos días en junta directiva como presidente del Casino Amistad Numancia. Sainz sustituyó en 2009 a Goyo Sánchez al frente de esta institución por la que han desfilado todos los personajes históricos de esta provincia.
“Muchos arreglos, la Casa de los Poetas y la declaración BIC después de muchos intentando lograr ese reconocimiento”, son algunos de los aspectos de su mandado, que destacó Adolfo Sainz en Hoy por Hoy Soria.
El Casino Amistad Numancia, en el corazón de Soria ha sido testigo de generaciones enteras. Más que un simple edificio, este lugar es un símbolo vivo de la vida social, cultural e intelectual de la ciudad.
Fundado en el siglo XIX, en una España que buscaba modernizarse sin perder sus raíces, el Casino Amistad Numancia nació como punto de encuentro para la burguesía soriana. Entre sus paredes se discutían ideas políticas, se leían periódicos traídos de Madrid y se compartían tertulias que se prolongaban hasta bien entrada la noche. Era, en esencia, el reflejo de una sociedad que empezaba a mirar más allá de sus propios límites.
Su arquitectura, elegante y sobria, conserva ese aire decimonónico que evoca salones de otra época: techos altos, lámparas que parecen susurrar historias y mesas que han visto partidas interminables de cartas y conversaciones trascendentales. No es difícil imaginar a figuras locales debatiendo sobre literatura o sobre el futuro del país, mientras el humo de los antiguos cigarros dibujaba espirales en el aire.
Con el paso del tiempo, el Casino supo adaptarse sin perder su esencia. De club privado a espacio más abierto, ha ido incorporando actividades culturales, exposiciones, conciertos y encuentros literarios. En una ciudad profundamente ligada a la poesía —baste recordar la huella de Antonio Machado—, el Casino ha funcionado como un refugio para las letras y el pensamiento.
Hoy, el Casino Amistad Numancia sigue siendo un punto neurálgico de la vida soriana. Jubilados que repasan la prensa, jóvenes que descubren sus salones por primera vez, visitantes que buscan un rincón auténtico… todos encuentran allí un espacio común. En un mundo que avanza con prisa, este lugar resiste como un testimonio de la importancia de la conversación, la comunidad y la memoria.
Así, entre ecos del pasado y la vida cotidiana del presente, el Casino no es solo un edificio: es una crónica viva de Soria.
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En el corazón de Soria, donde el Duero avanza sereno y la historia se respira en cada rincón, el Casino Amistad Numancia se erige como uno de los espacios más representativos de la vida social de la ciudad. Su nombre, que une la idea de convivencia (“Amistad”) con la memoria de la resistencia celtíbera (“Numancia”), ya anticipa el espíritu que lo ha definido durante más de un siglo: un lugar donde tradición, cultura y encuentro humano se entrelazan.
El Casino nació en el siglo XIX, en una época en la que España vivía profundas transformaciones políticas y sociales. Como tantas otras instituciones similares repartidas por el país, surgió como un club de sociabilidad para la burguesía local. Comerciantes, funcionarios, propietarios y profesionales liberales encontraban allí un espacio donde reunirse, intercambiar ideas y mantenerse informados.
En aquellos primeros años, el Casino era mucho más que ocio: era una ventana al mundo. Llegaban periódicos nacionales, se comentaban los vaivenes políticos de Madrid y se organizaban tertulias que reflejaban las inquietudes de una sociedad que empezaba a definirse en la modernidad. La palabra —hablada, debatida, incluso discutida— era el verdadero motor del lugar.
El inmueble que alberga el Casino es, en sí mismo, un documento histórico. Sus salones conservan una estética que remite a finales del siglo XIX y principios del XX: maderas nobles, amplios ventanales, mobiliario clásico y una distribución pensada para la conversación pausada.
Cada estancia parece tener su propia biografía. El salón principal, con su aire solemne, ha sido escenario de recepciones, bailes y actos culturales. Las mesas de juego —ajedrez, cartas, dominó— han sido durante décadas puntos de reunión cotidiana. En sus paredes, fotografías y retratos funcionan como un archivo silencioso de la sociedad soriana.
Si algo ha definido al Casino Amistad Numancia a lo largo de su historia han sido las tertulias. En ellas, generaciones enteras han debatido sobre política, literatura, economía o simplemente sobre la vida diaria. Este hábito, profundamente arraigado en la cultura española, encontró en el Casino un escenario privilegiado.
No es difícil imaginar conversaciones en las que resonaban los ecos de figuras como Antonio Machado, cuya estancia en Soria marcó profundamente la vida cultural de la ciudad. Aunque no todas las voces quedaron registradas, el espíritu crítico y reflexivo de aquellas reuniones forma parte del legado intangible del lugar.
Con el paso del tiempo, el Casino experimentó transformaciones inevitables. Lo que en sus inicios fue un club relativamente restringido fue abriéndose progresivamente a un público más amplio. Este proceso reflejaba cambios sociales más profundos: la democratización de la cultura y la evolución de las formas de ocio.
Durante el siglo XX, especialmente tras periodos convulsos de la historia española, el Casino supo reinventarse. Incorporó actividades culturales, exposiciones de arte, conferencias y eventos musicales. Se convirtió así en un puente entre tradición y contemporaneidad, manteniendo su esencia pero adaptándose a nuevas generaciones.
El Casino Amistad Numancia es una de las instituciones culturales más activas de Soria. Su programación incluye presentaciones de libros, recitales poéticos, exposiciones y encuentros que mantienen viva la llama de la vida intelectual.
Pero más allá de los eventos formales, el Casino sigue siendo un lugar cotidiano. Personas mayores que acuden a leer la prensa, grupos que se reúnen a jugar, visitantes que descubren su historia… todos contribuyen a mantener el pulso del edificio. Esa convivencia intergeneracional es, quizás, uno de sus mayores valores.
El Casino representa algo más profundo que su función práctica. Es un símbolo de continuidad en una ciudad que ha sabido preservar su identidad. En una época marcada por la inmediatez y la digitalización, espacios como este recuerdan la importancia del encuentro físico, de la conversación sin prisa y de la construcción colectiva de la cultura.
Su nombre, “Numancia”, evoca la resistencia; su historia, la adaptación. Entre ambos conceptos se mueve la esencia del Casino: resistir al olvido sin dejar de evolucionar.
Numancia es, en cierto modo, atravesar una frontera temporal. El visitante percibe que no está en un lugar cualquiera, sino en un espacio donde el pasado sigue dialogando con el presente.
Y así, mientras la vida continúa en las calles de Soria, el Casino permanece como testigo discreto pero constante. No necesita grandes gestos para afirmar su importancia: le basta con seguir siendo lo que siempre ha sido —un lugar para encontrarse, pensar y compartir—, una crónica viva que aún se escribe cada día.




