Obtener

La columna de Rafa Gallego: Obtener (20/03/2026)

León

Hay un ruido que me taladra la cabeza, un espanto de miedos y miserias que no me deja pensar en libertad. Uno trata de sacudirse esas pesadas cargas, porque a estas alturas ya sabe que es la docilidad del espíritu del camello la que te hace asumir todos los fantasmas y entenderlos como algo natural. Por eso me admiro siempre de encontrar la rebeldía del león en el espíritu de quienes me rodean y más aún la superioridad del espíritu del niño que todo lo puede y todo lo cambia.

Me había hecho a la idea de que, con el tiempo, la humanidad lograría una subversión de los principios, una transmutación de los valores que decía aquel prusiano de talento arrollador, una idea en torno a la vida y a la voluntad que nos permitiría alcanzar la libertad. Y lo malo es que esa idea de plena libertad se ha puesto debajo de una gorra de beisbol a gobernar el mundo y decidir dónde son oportunas las guerras, dónde conviene arrestar gobernantes, dónde será previsible invadir territorios. Es como si esa pérdida de valores tradicionales, que es ya vieja, se haya encarnado en un espíritu que no es ni camello ni león ni niño, un espíritu que sería el espíritu del dólar o la criptomoneda, un espíritu que maneja y ordeña, sin más voluntad que la de obtener. Hacer grande de nuevo América, tal vez.

Por eso hablo de “obtener”, porque está en la raíz de lo que nos gobierna y responde a una voluntad que no es la voluntad de poder de los hombres superiores, sino la voluntad de la degeneración. Degeneración de las reglas de juego, del ordenamiento aceptado, del común acuerdo.

La voluntad que hace a las personas seres superiores es otra, es una voluntad que no está sustentada en lo que conviene, en lo fácil, en lo cómodo que nos es dado. Esas criaturas superiores son las que deberían tener el manejo de todas las cosas, porque han demostrado su capacidad para superar cualquier situación de desventaja. Pienso, por ejemplo, en María Martín-Granizo, que surfea por la vida con la naturalidad del niño y ha sabido obtener en la nieve olímpica ese diploma que la señala como un ser excepcional. Quizá no vaya a hacer grande a León de nuevo, pero nos hace sentir la grandeza de su sencillez y clarifica todo ese ruido que nos taladra.